LOCURA COLECTIVA EN LA PLAZA VELLA

El joven que desafió a la gravedad: Joan Rebassa conquista el cielo de Pollença en un Pi de Sant Antoni agónico

Pollença estalló ayer en un grito unísono de júbilo y alivio. En una jornada marcada por la tensión extrema y la dureza de un tronco que parecía imposible, el joven Joan Rebassa, de solo 17 años, se convirtió en el héroe absoluto. El municipio mallorquín revivió su tradición más salvaje y emocionante, donde el sudor, el jabón y el coraje se mezclaron en una ascensión accidentada que ya forma parte de los libros de oro del Pi de Sant Antoni.

Pi de Pollença
Pi de Pollença

La épica no entiende de edades, y ayer quedó demostrado en una Plaza Vella a rebosar que rugía con cada centímetro ganado al gigante de madera. La fiesta no fue un camino de rosas, fue una batalla de desgaste. Tras el traslado del pino desde la finca de Ternelles, los pollencins se enfrentaron a un ejemplar imponente, de más de 20 metros, que se resistió a ser dominado durante horas de intentos fallidos y caídas que cortaban la respiración.

Traslado del Pi
Traslado del Pi

El ambiente era eléctrico, casi asfixiante. La multitud, entregada a la causa, formó una "pinya" humana que servía de colchón y apoyo para los valientes que intentaban la gesta. Hubo momentos de auténtico infarto; la superficie del pino, extremadamente resbaladiza por el jabón, provocó que muchos veteranos desistieran. Sin embargo, entre el caos y la adrenalina, emergió la figura de Joan Rebassa. Con una agilidad asombrosa y una determinación de acero, el joven desafió las leyes de la física mientras el pueblo contenía el aliento.

Joan Rebassa ganador del 2026
Joan Rebassa ganador del 2026

La culminación llegó con un estallido de emoción pura. Rebassa alcanzó la cima, convirtiéndose en el tercer menor de edad en la historia que logra coronar el Pi. Desde lo más alto, el joven no solo tocó el cielo de Pollença, sino que desató una catarsis colectiva entre los miles de asistentes que no dejaron de corear su nombre. Fue un momento de gloria absoluta que compensó los golpes y el cansancio acumulado de una jornada especialmente accidentada por la dificultad del terreno y el estado del tronco.

Plaza llena en Pollença ok
Plaza llena en Pollença

Pollença volvió a demostrar que su sentimiento de pertenencia es indestructible. La tradición de Sant Antoni no es solo una fiesta; es un rito de paso, un desafío al miedo que ayer coronó a un nuevo rey adolescente. La noche se alargó entre cánticos y lágrimas de felicidad, celebrando que, una vez más, el orgullo de un pueblo fue más fuerte que la propia gravedad.