FEIM integra a Joaquin Rabasco y a Unió Mallorquina
La puesta de largo de la Federació d'Entitats Independents Municipals (FEIM) en Raixa ha dejado una sombra de incoherencia sobre sus principios fundacionales. El presidente de la entidad, Sebastià Aguiló, defendió durante el acto una política basada en la "utilidad", el "sentido común" y el "color gris", alejándose de los extremismos. Sin embargo, esta búsqueda de moderación choca frontalmente con la integración de la formación de Joaquín Rabasco.
La trayectoria de Rabasco no es una cuestión de interpretación política, sino de hechos probados en sede judicial. El exconcejal de Llucmajor arrastra el estigma del Caso Llucmajor, donde el Tribunal Supremo ratificó su condena por articular una red de empresas pantalla para desviar 114.789 euros del erario público. La respuesta de Rabasco ante la fiscalización de su gestión ha quedado registrada en la hemeroteca como un desafío al ordenamiento jurídico: "A mí no me juzga un tribunal, me juzga el pueblo en las urnas" (Diario de Mallorca, 2011).
El perfil de Rabasco vincula a FEIM con la vulneración de derechos fundamentales. El político fue condenado por un delito de incitación a la violencia de género tras alojar en la web oficial de su partido el videojuego "20 formas de matar a una mujer". Ante la gravedad del hallazgo, su defensa se limitó a calificar la denuncia de "cacería política" y el contenido de "basura" (El Mundo/El Día de Baleares), intentando eludir una responsabilidad que el Juzgado de lo Penal número 7 de Palma consideró indiscutible.
También se integra Unió Mallorquina, cuya inclusión se lee menos como la confluencia de dos proyectos sólidos y más como una operación de supervivencia entre siglas de recorrido limitado. No es una suma programática —no se aprecia un relato ideológico nítido ni un marco de prioridades coherente— sino un movimiento táctico: juntar estructuras, cargos y presencia local para ganar visibilidad y conservar espacio en un tablero cada vez más competitivo.
La paradoja que enfrenta el presidente de FEIM, Sebastià Aguiló, es manifiesta. Resulta complejo sostener un discurso de "sentido común" y "centralidad" mientras se integra en la toma de decisiones a un perfil como Joquin Rabasco.