El Gobierno reconocerá el estrés y la fatiga mental como daños directos del trabajo
La normativa, fruto de un pacto con los agentes sociales firmado el pasado febrero, introduce cambios profundos en la vigilancia sanitaria. Por primera vez, los daños derivados del trabajo incluirán oficialmente afectaciones en los ámbitos cognitivo, emocional, conductual o social. Esto implica que patologías como el estrés crónico o el agotamiento mental ya no requerirán un calvario judicial para ser vinculadas al ejercicio profesional.
Vigilancia obligatoria y nuevas amenazas
La ley impone a las compañías el deber de garantizar una vigilancia de la salud que abarque tanto el plano físico como el psíquico. Los reconocimientos médicos, aunque mantienen su voluntariedad general, deberán adaptarse para detectar el impacto de la carga mental y los ritmos de trabajo asfixiantes.
Además, el texto se anticipa a los desafíos del siglo XXI al incorporar:
• Riesgos Tecnológicos: Se vigilará el acoso ejercido a través de algoritmos o inteligencia artificial, así como el derecho a la desconexión digital.
• Cambio Climático: Las empresas deberán planificar protocolos específicos frente a fenómenos meteorológicos extremos y catástrofes naturales.
• Perspectiva de Género y Edad: La prevención deberá considerar si las diferencias biológicas o la etapa vital de la persona trabajadora generan una exposición desigual al peligro.
Protección tras bajas prolongadas
Una de las novedades más relevantes es la creación de procedimientos de retorno. Tras una ausencia por salud superior a seis meses, la empresa estará obligada a adaptar el puesto de trabajo y actualizar la formación preventiva del empleado para asegurar una reincorporación sin riesgos