¿Puede la democracia directa obstaculizar los acuerdos comerciales de Suiza?

Cartel contra Europa en Suiza
Cartel contra Europa en Suiza

Domhnall O'Sullivan es un reputado analista político y corresponsal del servicio internacional de la Sociedad Suiza de Radiodifusión. Presentamos este análisis publicado originalmente en SWI swissinfo.ch, una pieza fundamental para entender cómo la soberanía popular puede alterar el tablero económico global en este mes de abril de 2026.

Este artículo resulta de máximo interés para los lectores de Mallorca, ya que establece un paralelismo necesario con la actual polémica por el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur. Mientras los ciudadanos suizos cuentan con la herramienta del referéndum para decidir si aceptan tratados que afecten a su economía, los productores y consumidores de nuestra isla se encuentran supeditados a las directrices de Bruselas. Entender el modelo helvético permite a nuestra audiencia reflexionar sobre si la falta de mecanismos de consulta directa en la UE es la que está dejando al sector primario mallorquín indefenso ante la entrada de productos sudamericanos, en un momento en el que la soberanía alimentaria y la protección del producto local son el centro del debate político en las Baleares.

En un contexto en el que las normas comerciales globales se debilitan, los países intentan fortalecer sus mercados de exportación y diversificar los acuerdos comerciales que tienen activos. Pero Suiza, un país altamente globalizado y dependiente de las exportaciones, enfrenta un obstáculo que no tienen sus contrapartes: las urnas.

El reloj no se detiene. Las autoridades de Suiza confían en que antes del 31 de marzo podrán cerrar un acuerdo con Washington que sitúe los aranceles estadounidenses en un máximo del 15%. Sin embargo, incluso cumpliendo con esta fecha límite y logrando la aprobación del Parlamento, existe una posible fuente de demora: la población suiza todavía podría exigir que se llevara a cabo un referéndum. Ante la hostilidad pública hacia el presidente Donald Trump y sus aranceles, y dada la aceptación por un margen mínimo de un acuerdo comercial con Indonesia en 2021, la aprobación estaría lejos de estar asegurada.

Aunque no está claro si se precisará una votación, Cédric Wermuth, líder de los socialistas, anunció al periódico Neue Zürcher Zeitung en enero que «de ser necesario» estarían analizando el lanzamiento de un referéndum, lo que precisaría que reúnan antes un mínimo de 50.000 firmas. Pero como todavía no hay un acuerdo definitivo sobre la mesa y reina una constante inestabilidad política en Estados Unidos, la oposición actual al acuerdo es más retórica que real.

Donald Trump
Donald Trump

Pero sí está claro que las negociaciones con Estados Unidos constituyen uno de los frentes comerciales que podrían enfrentarse a un escrutinio y potencial votación de la población suiza próximamente. Adicionalmente, un tratado de libre comercio con los países sudamericanos que conforman Mercosur está en espera de ratificación y también está pendiente la actualización del acuerdo con China. En tiempos de constantes cambios geopolíticos y fragmentación de las reglas comerciales surge una pregunta: ¿la participación popular es una fuente de legitimidad, o es un freno para el desarrollo económico?

>> La forma final de un acuerdo arancelario con Estados Unidos es muy incierta, pero ya hay algunas pistas sobre lo que podría incluir:

Los atajos legales

Durante años, la estrategia de expansión comercial de Suiza privilegió la rapidez. Decidió conceder un tratamiento de «acuerdo estándar» a los tratados comerciales, lo que le permitió evitar por completo las votaciones públicas. Bajo el principio de que todos los acuerdos eran parecidos en su diseño y objetivos, el Gobierno argumentaba que, independientemente de quién fuera la contraparte comercial, era innecesario someter los tratados a «referéndum opcional». Era necesaria la aprobación del Parlamento, pero no de la ciudadanía.

Para Louis Gebistorf, especialista del Centro de Estudios sobre la Democracia de Aarau, esta práctica «ha infringido la Constitución». Pero como había poca inconformidad pública ante lo que se consideraba como un tecnicismo legal, y el Gobierno logró defender este enfoque argumentando que generaba eficiencia y previsibilidad, se le confirió a la aprobación parlamentaria de los tratados un grado «relativamente alto» de legitimidad democrática.

Xi Jinping y Vladimir Putin
Xi Jinping y Vladimir Putin

Nuevas opciones para el electorado

En 2014, el acuerdo comercial con China generó intensos debates en materia de derechos humanos y cuestionamientos con respecto al grado de participación que debía tener la gente en la ratificación de estos acuerdos. Unos años más tarde, cuando el Gobierno decidió clasificar estos tratados en la legislación como «acuerdos estándar», la presión de diversos grupos políticos y de la sociedad civil fue provocando un giro de 180 grados. Desde entonces, se acordó que todo nuevo acuerdo comercial podía ser sometido a un referéndum, una decisión que Gebistorf califica como un «avance favorable en materia democrática».

Eso convirtió a Suiza en un caso atípico. En muchos países la participación de la población en la política comercial se reduce exclusivamente al trabajo de cabildeo, a las protestas o a la aceptación pasiva de las decisiones ejecutivas, aunque estas sean corruptas. En una de las pocas ocasiones en las que la democracia directa se hizo presente a nivel europeo, los esfuerzos fracasaron. Una iniciativa ciudadana europea, en 2014, en contra de los acuerdos de la UE con Estados Unidos y Canadá logró reunir tres millones de firmas, pero fue rechazada después por razones técnicas.

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