El Govern privatiza el eclipse
La obligatoriedad de mostrar una reserva comercial para circular por la Serra de Tramuntana durante el eclipse solar del 12 de agosto desata la indignación popular en Mallorca. Mientras el Govern de les Illes Balears niega trato de favor a los visitantes, la población de municipios como Palma, Inca o Manacor denuncia un "bloqueo geográfico y económico" que condiciona un derecho público a la capacidad de gasto.
"Solo si pagas": las redes arden contra el plan del Govern para ver el eclipse en la Tramuntana
Las redes sociales echan humo en Mallorca. El plan del Govern de les Illes Balears para restringir el tráfico en la Serra de Tramuntana durante el eclipse solar del 12 de agosto ha provocado una gran indignación popular. La norma exige una reserva turística o de restauración para acceder en coche.
La coordinadora del operativo, Antònia Maria Estarellas, defiende que la medida no discrimina a nadie porque se aplica igual a residentes y visitantes. Sin embargo, miles de usuarios tachan esta explicación de desconexión geográfica. Al ocurrir el evento al atardecer, la propia montaña bloquea la visibilidad a los vecinos de Inca, Manacor o Palma. Para ellos, buscar zonas elevadas en la Serra no es un capricho, sino la única forma de evitar que la montaña les tape el sol.
Según denuncian los afectados, la medida impone un filtro socioeconómico que otorga un salvoconducto de facto a los turistas que pagan alojamiento, mientras bloquea al residente local. Aunque no se cuestiona la necesidad del control de aforos y la seguridad vial, los críticos señalan que la administración disponía de alternativas públicas ya probadas sin mercantilizar el territorio.
Un ejemplo claro es el cupo gratuito de la Playa de las Catedrales en Galicia: un modelo de democratización del acceso que limita los visitantes mediante una plataforma pública de reservas sin coste por orden de llegada, protegiendo el entorno sin pedir la billetera a cambio.
Sumado a los autobuses del Cap de Formentor o las calas de Menorca, estos precedentes demuestran que es viable gestionar los flujos masivos con transporte público lanzadera, aparcamientos disuasorios o pases públicos. Sistemas que cuidan la seguridad sin vincular la movilidad al bolsillo.
El malestar aviva así el debate sobre la saturación turística. Los residentes lamentan que la Serra de Tramuntana quede convertida, en la práctica, en una terraza reservada a clientes de pago.