Los coches fabricados en Europa pagarán aranceles de lujo para entrar en América
La administración de Estados Unidos reactiva la guerra arancelaria al elevar las tasas impositivas sobre automóviles y camiones europeos, rompiendo el pacto de estabilidad alcanzado en 2025. El mandatario Donald Trump justifica esta medida unilateral alegando un supuesto incumplimiento de las condiciones por parte de Bruselas, mientras presiona a las marcas del continente para que trasladen sus centros de producción a suelo estadounidense.
La decisión, comunicada a través de la plataforma Truth Social, supone un golpe directo a la línea de flotación de la economía europea, donde el sector de la automoción representa un pilar estratégico en países como Alemania o Francia. El incremento del 15% al 25% deshace el alivio fiscal que se había consolidado en el campo de golf de Turnberry, en Escocia, donde la Unión Europea y el gobierno estadounidense pactaron una tregua que ahora parece papel mojado.
El origen de esta fricción radica en la parálisis de las negociaciones sobre el acero y el aluminio, sumado a la reciente suspensión del acuerdo por parte del Parlamento Europeo. Las autoridades comunitarias introdujeron cláusulas de salvaguarda ante lo que consideran actitudes de coerción económica y amenazas a la integridad territorial de los estados miembros, vinculadas a las polémicas declaraciones sobre Groenlandia. Por su parte, la Casa Blanca utiliza la opacidad para no detallar los fallos específicos del bloque europeo, limitándose a señalar que los fabricantes internacionales deben elegir entre pagar gravámenes elevados o invertir 100.000 millones de dólares en plantas dentro de EE. UU.
Este escenario de proteccionismo extremo coincide con un contexto de alta inflación global, agravada por el conflicto bélico que involucra a Israel e Irán. El cierre del Estrecho de Ormuz ha disparado los costes energéticos, situando la inflación en Norteamérica en el 3,3%, una cifra que erosiona la popularidad del líder republicano antes de las elecciones de medio término. Pese a que el Tribunal Supremo estadounidense invalidó recientemente otras tasas aduaneras globales por exceder las competencias presidenciales, los aranceles específicos para el sector del automóvil operan bajo una base legal distinta, lo que otorga a Trump un margen de maniobra que amenaza con desestabilizar el flujo comercial de 2 billones de dólares anuales entre ambas potencias.
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