El estrecho de Ormuz se convierte en una ratonera para 20.000 marinos y 1.500 buques
La Organización Marítima Internacional ha lanzado una alerta urgente tras quedar atrapados 1.500 barcos y 20.000 tripulantes en el estrecho de Ormuz. El conflicto bélico entre Irán y Estados Unidos mantiene bloqueada esta arteria vital, donde ya se han registrado diez fallecimientos y daños en más de 30 embarcaciones. Mientras Francia y Reino Unido coordinan misiones militares para asegurar el tránsito, miles de trabajadores civiles permanecen a merced de la tensión geopolítica en una ruta que mueve el 20% del petróleo mundial.
La parálisis en el estrecho de Ormuz ha dejado de ser un simple problema de suministro energético para transformarse en una crisis humanitaria de dimensiones desconocidas. Arsenio Domínguez, secretario general de la OMI, confirmó durante la Convención Marítima de las Américas en Panamá que la prioridad absoluta es la evacuación de los civiles. Sin embargo, la presencia de minas navales y el riesgo de ataques directos impiden, por ahora, la activación de un corredor de seguridad. La recomendación para las navieras es drástica: suspender cualquier envío hacia el golfo Pérsico ante la incapacidad de garantizar la integridad de las dotaciones.
La implicación de potencias europeas busca evitar el colapso total del mercado. París ya ha movilizado su portaaviones y un grupo de ataque hacia el mar Rojo con el objetivo de liderar una misión multinacional. El plan, en el que ya colaboran una docena de países, pretende establecer mecanismos de escolta armada para buques comerciales. La relevancia de esta ruta es crítica: por sus aguas transita no solo el combustible que mueve el planeta, sino también el 30% de los fertilizantes y el 13% de los productos químicos necesarios para la industria global. La reapertura depende ahora de una negociación diplomática de alta tensión con el régimen de Teherán.