ESCÁNDALO VIAL | EL CAOS DE LAS NUEVAS BALIZAS DE LA DGT
El timo de las balizas v16: un coladero para hackers que indigna a la Guardia Civil y deja vendidos a los conductores
La cuenta atrás ha comenzado y el pánico se apodera de la carretera. Lo que la DGT vendió como la revolución de la seguridad vial se ha convertido en una trampa mortal de tecnología barata y decisiones políticas erráticas. Las balizas V16, obligatorias en apenas unas semanas, están bajo sospecha.
1. Un "caramelo" para los cibercriminales La bomba estalló con el análisis de Luis Miranda, experto en ciberseguridad. El modelo Help Flash IoT (distribuido por Vodafone con más de 250.000 unidades en la calle) es, según Miranda, un juguete para hackers.
· Hackeo en 60 segundos: Un atacante puede tomar el control total del dispositivo.
· Tus datos, al desnudo: Envían tu ubicación GPS exacta y el IMEI sin cifrar. Cualquiera con una antena de 500 euros puede saber dónde estás parado.
· Firmware de papel: No tiene firma digital. Pueden instalarte un software malicioso y convertir tu baliza en un "ladrillo" inservible a distancia.
2. La Guardia Civil da la voz de alarma Mientras Tráfico insiste en jubilar los triángulos, la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles) no se muerde la lengua: "La carretera es un entorno hostil". Los agentes denuncian que la luz de la baliza es invisible en curvas o cambios de rasante hasta que el coche de atrás lo tiene encima. "Fiar tu vida a un dispositivo que solo se ve de cerca es un suicidio", advierten. España es montaña y curvas; la baliza, de momento, es solo un destello insuficiente.
3. El caos de Pere Navarro: "¿Allá tú?" La última bofetada a los conductores la ha dado el director de la DGT. Tras meses amenazando con multas, ahora recula con una frase que destila desprecio: "Si quieres bajar a poner el triángulo, allá tú". Esta marcha atrás encubierta deja a los españoles en la más absoluta indefensión. ¿Es obligatorio o no? ¿Me multarán si no la llevo o si me bajo del coche?
4. ¿A quién beneficia este lío? Millones de conductores se han visto obligados a comprar dispositivos que luego resultaron no estar homologados, forzándoles a pasar por caja dos veces. Con un parque móvil de millones de vehículos, el negocio de las tarjetas SIM integradas y la conectividad "obligatoria" apunta a un botín de dimensiones astronómicas mientras la seguridad real queda en segundo plano.
