El bosque de hormigón contraataca: Vecinos y música se unen mañana para abrazar a las 'bellasombras' condenadas en Llorenç Villalonga
REBELIÓN VERDE EN PALMA
Había una vez una plaza que respiraba gracias a 18 gigantes verdes. Pero un día, el Ayuntamiento decidió que estorbaban. Mañana domingo, a las 12:00 horas, la Plaza Llorenç Villalonga no será un lugar de paso, sino una trinchera de melodías y esperanza. Los vecinos, armados con instrumentos y pancartas hechas a mano, han convocado una asamblea musical urgente para impedir que las motosierras silencien para siempre a sus árboles amados. Una batalla de David contra Goliat donde la sombra y la vida se juegan su última carta.
La Plaza Llorenç Villalonga ha dejado de ser un simple cruce de caminos para convertirse en el escenario de un cuento con final incierto. Esta misma semana, los operarios municipales han desplegado vallas y cintas de "precaución", cercando a las históricas bellasombras como si fueran criminales. Un cartel oficial anuncia confusamente "obras de mejora en el parque infantil", un eufemismo que chirría a los residentes, pues allí nunca hubo columpios, solo árboles que ahora tiemblan ante la tala inminente.
La respuesta ciudadana ha sido inmediata y conmovedora. "Un árbol no puede pedir explicaciones, pero nosotros sí", clama Olivia Cerdeiriña, bióloga y consultora ambiental, en un emotivo manifiesto que ha encendido la mecha de la protesta. Para Cerdeiriña, eliminar estos 18 troncos no es gestión, es "renunciar a la ciencia y a la sensatez". Detrás de cada árbol hay décadas de sombra, refugio y aire limpio que el consistorio pretende borrar sin informes transparentes ni alternativas claras.
La analista Ana Sánchez advierte que estas decisiones se toman "por encima de las cabezas de los residentes", generando un clima de desconfianza y rumores. ¿Dónde están los informes de arboristas independientes? ¿Por qué no se contempla la poda o el cuidado de raíces antes que la ejecución sumaria?.
Mañana, a las 12 del mediodía, la música sonará más fuerte que el ruido de los camiones. La Associació de veïns de sa Llotja-Born ha llamado a "disfrutar de unos momentos de música con las bellasombras amenazadas". No es solo una protesta; es un acto de amor por el lugar donde vivimos. Exigen una moratoria inmediata, peritajes técnicos reales y, sobre todo, que Palma deje de talar su futuro y empiece a escuchar a su gente. Porque una ciudad que tala sus árboles, es una ciudad que deja de respirar.
