JUSTICIA POÉTICA EN EL COLL D’EN RABASSA
El 23.112 premia el sudor de los trabajadores y cllientes del Carrefour en Palma
Hay mañanas grises que cambian con un grito, y hoy ese grito ha tenido nombre de número: 23.112. Eran poco más de las nueve cuando el destino decidió que la administración número 36, incrustada en el corazón comercial del Carrefour de la Avenida Cardenal Rossell, dejara de vender simples boletos para empezar a despachar sueños cumplidos.
No es el Gordo, no son esos millones obscenos que a veces acaban en manos que no los necesitan. Son 6.000 euros al décimo, un "pellizco" que en manos de un trabajador de la limpieza, de un cajero agotado tras la campaña de Navidad o de un jubilado que estira la pensión, sabe a gloria bendita. Es la propina más grande del mundo para quienes saben perfectamente lo que cuesta ganar cada euro.
La escena en el centro comercial ha sido catártica. Entre el aroma a pan recién hecho y el bullicio frenético de las compras de última hora, se han vivido abrazos de esos que quitan el aire. Lágrimas auténticas, de las que no salen en los anuncios de televisión, han corrido por las mejillas de clientes habituales que compraron el décimo por pura inercia y que hoy, de repente, respiran un poco más tranquilos.
"Es un premio para la gente del barrio, para los nuestros", se escuchaba entre el estruendo de los primeros descorches. No se han visto corbatas ni trajes a medida; en el pasillo de la administración de Andrés Mata lo que han brillado son los chalecos reflectantes, los uniformes de reposición y las manos curtidas por el trabajo brindando con vasos de plástico.
El 23.112 no ha hecho millonario a nadie, pero le ha devuelto la sonrisa a un rincón de Palma que no entiende de herencias ni de especulación, solo de madrugones. Hoy, el cava de marca blanca del estante ha sabido mejor que el más caro de los champanes. Porque hoy, por fin, le ha tocado a los que nunca les toca.
