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Los auxiliares técnicos de Balears se plantan delante del Parlament para recordar su precariedad laboral

Mientras el Govern dedica sus recursos en desmantelar el catalán del sistema educativo, un pilar fundamental en los centros de enseñanza lucha por salir del olvido institucional. La movilización de los Auxiliares Técnicos Educativos (ATE) de las islas llega este jueves a la sede legislativa con una exigencia unánime: dignidad profesional. Bajo el lema #milloresateja, el colectivo reclama el reconocimiento del plus de peligrosidad y el fin de la temporalidad que afecta a la calidad de la educación inclusiva. Los sindicatos CSIF, CCOO, STEI, ANPE, UGT y USO han aparcado sus diferencias para marchar juntos en una jornada teñida de rosa, símbolo de la labor esencial pero ignorada que realizan con el alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE).

ATE
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El conflicto estalla tras meses de negociaciones estancadas con la Conselleria de Educación, señalando un agravio comparativo en las condiciones de contratación, donde conviven plantillas con sueldos suspendidos durante el verano. Además del bloqueo presupuestario para los contratos de 12 meses, los trabajadores denuncian un caos administrativo en las oposiciones y una exposición constante a agresiones físicas sin protección ni compensación salarial. La presión política ha escalado tras la intervención de la oposición en la cámara, instando al conseller Antoni Vera a transformar las promesas en partidas presupuestarias reales para un sector que sostiene el sistema desde la sombra.

El espejo europeo: ¿cómo cuidan a sus auxiliares?

Mientras en Baleares se lucha por el reconocimiento básico, el panorama en Europa ofrece modelos de mayor estabilidad. En países como Finlandia o Dinamarca, esta figura está integrada plenamente en el equipo docente con contratos anuales y formación superior obligatoria, evitando el limbo estacional. Por contra, en Francia, los acompañantes (AESH) sufren una precariedad similar a la balear, lo que ha generado una ola de protestas a nivel nacional. La gran diferencia radica en el Reino Unido, donde, aunque existe la temporalidad, los protocolos de seguridad son estrictos y el personal cuenta con formación técnica específica para afrontar crisis de conducta, una de las grandes reclamaciones de peligrosidad en las islas.

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