Europa se asoma al abismo: el dilema suicida de aceptar la IA china o morir en la irrelevancia
Bruselas vive hoy horas críticas. Mientras la Inteligencia Artificial de Pekín avanza como un rodillo imparable, la Unión Europea se debate entre el miedo al espionaje y el suicidio económico de quedarse atrás. The Economist lanza un aviso que ya incendia los despachos de medio mundo: ignorar a China es, en este momento, una condena a muerte para nuestra industria y nuestra soberanía.
El partido se juega ahora y Europa ni siquiera está en el banquillo. La prestigiosa publicación The Economist lo deja claro en su último análisis del 22 de enero de 2026: rechazar la tecnología china es un riesgo, pero aislarse de ella es una receta segura para el desastre. Estamos atrapados en una "pinza" mortal. Por un lado, la dependencia absoluta de los gigantes de Silicon Valley; por otro, el rugido de un Dragón asiático que ya lidera la aplicación práctica de la IA en la industria real.
La situación es de "zona roja". Según datos que manejan hoy mismo medios como Bloomberg y el diario El País, la inversión privada en IA en Estados Unidos roza los 300.000 millones de dólares, mientras que China consolida su segundo puesto con una eficiencia aterradora. ¿Y Europa? Europa mira el marcador desde lejos, con una inversión que apenas supone una fracción de sus rivales. Estamos perdiendo el tren de la historia en directo.
En los pasillos de Davos 2026, la tensión se corta con cuchillo. Ursula von der Leyen insiste en una "IA Soberana", pero la realidad es más cruda: hoy por hoy, el 90% de los paneles solares y gran parte de la infraestructura crítica digital dependen de componentes donde China es el rey. Si cortamos el grifo ahora, como sugieren las voces más alarmistas citadas por el Financial Times, nuestra economía se apaga.
Es una final sin prórroga. El Reglamento de IA de la UE (AI Act) entra en su fase crítica este 2026, imponiendo reglas durísimas que podrían dejar fuera a las herramientas más potentes del mercado. Las empresas europeas tiemblan: o pasan por el aro de Washington o se arriesgan con Pekín. No hay una tercera vía mágica. Mientras nosotros legislamos, ellos dominan. Europa se juega hoy dejar de ser un actor global para convertirse, definitivamente, en un simple museo tecnológico.
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