Pánico a 10.000 metros: las 5 tragedias aéreas más estremecedoras de este 2025
El miedo a volar ha vuelto a los aeropuertos tras un año negro marcado por imágenes de fuselajes calcinados y cientos de víctimas. Pese a la alarma social generada por los accidentes en la India o Brasil, los datos de 2025 son rotundos: las probabilidades de morir en un accidente de coche de camino a Son Sant Joan siguen siendo infinitamente superiores a las de una catástrofe aérea.
El 2025 se cierra con un nudo en la garganta. La aviación comercial ha vivido doce meses de tensión extrema tras una cadena de accidentes que han dado la vuelta al mundo en segundos a través de las redes sociales.
El ranking del horror lo encabeza la India. El pasado marzo, un Boeing 787-8 de Air India se desintegró tras una aproximación fallida. El balance: 260 muertos. Fue el impacto más letal de la década, una imagen de fuego y restos esparcidos que puso en jaque los protocolos de seguridad en Asia.
Pero no fue el único. En Brasil, un fallo en los sistemas de descongelación provocó que un avión regional cayera en barrena sobre una zona residencial, dejando 62 víctimas. A esto se sumó la tragedia en el Himalaya, donde un vuelo doméstico en Nepal desapareció de los radares en condiciones meteorológicas extremas, confirmando 72 fallecidos.
En África, el incendio de un motor tras el despegue en Nigeria segó la vida de 110 personas, mientras que en Indonesia, un error de comunicación en pista provocó una colisión que recordó los peores años de la aeronáutica.
¿Debemos dejar de volar? La respuesta de los expertos es un "no" rotundo. Mientras estas tragedias acaparan portadas por su impacto visual y emocional, la estadística es fría y clara: en 2025 se realizaron más de 35 millones de vuelos con éxito.
Para un ciudadano de Mallorca, el riesgo real está en el asfalto. La probabilidad de sufrir un accidente mortal en un vuelo comercial es de 1 entre 15 millones. En cambio, el riesgo de fallecer en un vehículo a motor se sitúa en 1 entre 5.000. Volar sigue siendo, con una diferencia abismal, la forma más segura de moverse, aunque el impacto de ver un avión caer nos haga sentir lo contrario.