Aguiló y Martí: dos capitanes para un solo barco en el avispero de Feim
La deriva de regidores hacia el grupo de los "no adscritos" en Sóller, Lloseta y Esporles destapa una peligrosa tendencia al hiper-personalismo. Mientras la marca Feim intenta aglutinar estos liderazgos bajo el mando de Víctor Martí, el pasado de sus protagonistas y la inevitable colisión con Sebastià Aguiló dibujan un futuro de inestabilidad para el proyecto independiente.
El mapa político de Mallorca está mutando hacia un escenario donde las siglas pesan cada vez menos y los nombres propios, cada vez más. Sin embargo, esta tendencia hacia el hiper-personalismo tiene un reverso tenebroso: el grupo de los "no adscritos". Los casos de Sebastià Aguiló en Sóller, Jordi Subirana en Lloseta y, más recientemente, Andrea Busquets en Esporles, no son solo anécdotas locales; son el síntoma de una forma de hacer política que ahora intenta aglutinarse bajo el paraguas de Feim, la plataforma liderada por el alcalde de Binissalem, Víctor Martí.
Un patrón de ruptura y el choque de trenes El paralelismo entre estos tres protagonistas es casi idéntico y dibuja una "hoja de ruta" de la ruptura. En Sóller, la salida de Sebastià Aguiló del gobierno y su enfrentamiento con su excompañero Carlos Darder —a quien acusó de transfuguismo— dejó una herida abierta en la vall. En Lloseta, Jordi Subirana abandonó Vox para navegar por libre, al igual que Andrea Busquets en Esporles tras su traumática salida. Pero el verdadero desafío de este bloque no es solo el pasado, sino el presente: la sorda lucha de egos que ya se intuye entre Sebastià Aguiló y Víctor Martí. Ambos perfiles, acostumbrados a ser "capitanes" en sus respectivos feudos, proyectan una sombra de colisión sobre quién debe llevar el timón del proyecto. La ambición de protagonismo de Aguiló y el liderazgo personalista de Martí son dos polos que, más que atraerse, amenazan con repelerse antes de llegar a las urnas.
Resistencia a la disciplina Estos perfiles comparten un ADN común: la resistencia a someterse a la disciplina de partido y una tendencia natural a priorizar su voz propia sobre la estructura orgánica. Lo que ellos llaman "autonomía municipalista", otros lo ven como una incapacidad de trabajar en equipo si no es bajo sus propias reglas.
El factor Víctor Martí: ¿Refugio o polvorín? En este ecosistema, Víctor Martí ha conseguido resucitar el espíritu regionalista atrayendo a líderes que buscan un refugio donde el "centralismo" de Palma no les dicte las normas. Pero el riesgo es evidente: Feim se está construyendo con piezas que ya han demostrado ser altamente inflamables. La lucha por el protagonismo es el gran desafío. Víctor Martí es un líder de perfil alto, con un estilo directo que difícilmente encajará con figuras que ya han demostrado que no les tiembla el pulso a la hora de dar un portazo si su autonomía se ve amenazada.
¿Crónica de una crisis anunciada? La gran pregunta en la política mallorquina es si la federación de independientes podrá contener tantos "versos sueltos" bajo un mismo techo. Los antecedentes de salidas abruptas y refugios en el grupo de no adscritos sugieren que la cohesión de Feim podría ser tan efímera como las siglas que sus miembros han ido dejando por el camino. Si el pasado sirve de prólogo, la lucha por el mando entre Martí y sus nuevos aliados podría acabar con los protagonistas volviendo a la casilla de salida: la soledad del regidor no adscrito.