GOLPE DE ESTADO QUÍMICO EN EL MAPA DE LA DROGA

El tusi y el cristal jubilan la cocaína de Son Banya: la noche mallorquina cambia el barro por la droga de diseño

Mientras miles de familias se dejan la piel para pagar un piso compartido en Palma, el narcotráfico le ha quitado el sitio a los vecinos para instalar sus pisos guardería. El salvaje asalto a un piso de la calle Ticia por la banda del mono no solo ha dejado al descubierto un "vuelco" a culatazos de pistola; ha puesto fecha de caducidad al modelo de Son Banya, cuyas ventas caen en picado ante el imparable empuje del cristal y las drogas de síntesis.

Material incautado
Material incautado

Aquel golpe a altas horas de la noche en pleno centro urbano destapó una realidad incómoda: inmuebles que deberían alojar a familias operan hoy como almacenes logísticos de alta densidad, lejos del menudeo tradicional de calle. La irrupción de este modelo de custodia rápida está cambiando las reglas del juego en toda la isla.

El poblado de  Son Banya ve cómo sus ventas de heroína y cocaína se hunden porque el gran flujo de dinero se ha desplazado a los locales nocturnos y a las sustancias sintéticas. La droga ya no se despacha en casetas a las afueras; se almacena en edificios residenciales para acortar plazos de entrega en el circuito de fiesta.

Arma incautada
Arma incautada

En la maleta recuperada por la Policía Nacional había 224.000 euros repartidos en cocaína, tusi (el polvo rosa vendido a precio de oro), metanfetamina y cristal (MDMA). Un catálogo químico traído directamente desde la Península para abastecer la demanda actual en Baleares.

Detenida
Detenida

El negocio saltó por los aires por el pánico de la propia pareja que custodiaba el alijo. Tras la huida de los asaltantes, intentaron deshacerse de las pruebas como pudieron: tiraron pastillas por el inodoro, metieron bloques de polvo en la lavadora e intentaron endosarle la maleta con los seis kilos y medio de sustancia a una vecina del edificio.

Detenido
Detenido

El joven agredido y su novia de 22 años terminaron en la prisión de Palma, mientras los investigadores buscan a los hombres de las máscaras. El resultado es un mapa urbano absurdo donde las mafias pagan alquileres íntegros sin pestañear solo para guardar maletas de cristal, mientras la gente se queda fuera del mercado de la vivienda.

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