EL ADN DE NUESTRA TIERRA
El latido de Mallorca: l'Estendard, una de las fiestas más antiguas de Europa vuelve a Cort con el baile sagrado de los cossiers
No es solo una efeméride, es nuestro certificado de nacimiento. Mañana, 31 de diciembre, la Festa de l'Estendard vuelve a demostrar por qué Mallorca no se rinde ante el paso del tiempo. Entre el estrépito de los tambores y el vuelo de los Cossiers, recordamos el día que cambió nuestra historia hace casi 800 años. Un legado que ha pasado de padres a hijos como el tesoro más valioso de nuestra identidad.
¡Impresionante y eterno! Hay momentos que definen a un pueblo, y el 31 de diciembre de 1229 es el nuestro. Pero lo que verás mañana en la Plaza de Cort no es un simple desfile; es una maquinaria del tiempo que empezó a rodar apenas unos años después de la conquista. Los historiadores lo confirman: desde el siglo XIII, Mallorca ya alzaba su bandera para decir al mundo quién era. Es, oficialmente, la fiesta civil más antigua de Europa, modelo para Valencia o Nápoles.
El baile que protege nuestra historia La gran novedad visual que acelera el pulso de los mallorquines es la llegada de los Cossiers de Palma. Sus cascabeles, sus sombreros de flores y sus danzas rituales no son solo adorno: son los guardianes del Estandarte. Verlos bailar alrededor de la bandera real, con ese ritmo ancestral que parece invocar a nuestros antepasados, es lo que de verdad te pone la piel de gallina. Ellos representan la alegría de un pueblo que recuperó su libertad y su fe.
Soldados anónimos y murciélagos heroicos La leyenda dice que el nombre de la fiesta honra a aquel soldado anónimo que trepó las murallas de Madina Mayurqa para clavar la bandera. Pero el héroe más curioso es el "Ratpenat" (murciélago): cuentan que despertó a Jaime I golpeando su casco justo antes de un ataque sorpresa. Por eso hoy es nuestro símbolo.
La conmemoración del 31 de diciembre no solo recuerda una victoria militar, sino que rinde homenaje a la figura de Jaume I el Conquistador, cuyo desembarco en 1229 transformó definitivamente el destino de las Baleares. Con la caída de Madina Mayurqa y la posterior repoblación, se sentaron las bases de la Mallorca actual: la llegada de pobladores procedentes principalmente del Rosellón y la Cataluña gerundense trajo consigo la lengua catalana, que se consolidó como el idioma propio de la isla. Paralelamente, la implantación de la religión cristiana marcó el fin de la etapa musulmana e integró al archipiélago en el marco cultural y político del Occidente europeo. Así, la Festa de l’Estendard sigue siendo, ocho siglos después, el recordatorio anual del momento fundacional en que Mallorca abrazó las raíces lingüísticas y espirituales que hoy definen su carácter.
Un legado que se hereda como el apellido Esta fiesta ha sobrevivido a guerras y crisis porque las familias mallorquinas la guardan como oro en paño. Es la emoción de la fe compartida y el orgullo de escuchar "La Colcada" bajo el cielo de diciembre. Mañana, cuando el Estandarte se alce escoltado por el trote de los Cossiers, recuerda: no estás viendo una bandera, estás viendo el alma de Mallorca. ¡No faltes a la cita con tu propia historia!
