El autismo se dispara un 310% en los colegios de las islas en la última década
El sistema educativo no universitario en Baleares atiende ya a 2.864 alumnos con trastorno del espectro del autismo (TEA). El alumnado con TEA en las islas representa el 0,94% del alumnado general no universitario. Se trata de una realidad en aumento que ya supone el 29,71% de los estudiantes con necesidades especiales asociadas a una discapacidad en todo el país.
El informe de la Confederación Autismo España revela que, del total de afectados en el archipiélago, 2.485 estudiantes están escolarizados en centros ordinarios, lo que representa el 86,77% de la población con esta condición en las islas. Por el contrario, 379 alumnos cursan sus estudios en la modalidad de educación especial.
A nivel estatal, la serie histórica muestra un crecimiento sin precedentes: de los 19.023 alumnos registrados en el curso 2011-2012 se ha pasado a 78.063 en el curso 2022-2023. Este incremento del 310,36% es especialmente visible en la educación ordinaria, donde el aumento de matriculaciones ha sido del 410,4% en la última década.
La estadística también arroja datos sobre la brecha de género y el abandono escolar. El 82,24% de los alumnos identificados son niños. Además, el informe advierte de la escasa presencia de estudiantes con TEA en las etapas postobligatorias; mientras que en Primaria representan el 1,04% del alumnado general, en Bachillerato la cifra cae hasta el 0,30% , lo que evidencia las dificultades de este colectivo para completar su formación superior.
Los profesores de las islas se ven desbordados ante el aumento de alumnos sin recursos suficientes
La comunidad docente de Baleares afronta este escenario con una creciente sensación de agotamiento y precariedad. Mientras que los datos oficiales confirman un incremento continuado de la población escolar con TEA en los últimos 12 cursos , los profesionales denuncian que los recursos especializados y los apoyos necesarios no crecen al mismo ritmo. Los profesores se encuentran en primera línea ante aulas cada vez más numerosas, diversas y con necesidades de apoyo más intensas, gestionando un aumento del 310,36% en la detección de casos desde 2011 sin contar con el refuerzo de personal suficiente. Esta presión asistencial y educativa ha llevado a muchos docentes a una situación de "no poder más", reclamando una respuesta administrativa que ajuste los medios a la realidad de las aulas para garantizar una inclusión que no recaiga exclusivamente sobre su resiliencia personal