Péter Magyar fulmina a Orbán y logra una mayoría histórica para dar un giro a Hungría
El vuelco electoral en Hungría ha certificado el final de la hegemonía de Viktor Orbán tras 16 años de control absoluto. Con el escrutinio avanzado, el partido Tisza, liderado por el conservador Péter Magyar, se encamina hacia una victoria aplastante que podría alcanzar los dos tercios del Parlamento. La movilización ciudadana ha registrado cifras récord en unos comicios que la prensa internacional, como la BBC y Le Monde, califican de cruciales para el equilibrio de la Unión Europea y el aislamiento de las políticas prorrusas en el continente.
La realidad ha chocado de frente contra el aparato de propaganda del Gobierno húngaro. Viktor Orbán, el mandatario que más tiempo ha permanecido en el poder en la Europa actual, ha telefoneado personalmente a su rival, Péter Magyar, para admitir una derrota que las urnas han teñido de derrota sin paliativos. El mandatario magiar, amigo de le Pen y Abascal, apareció ante sus seguidores con rostro serio, rodeado de la cúpula de Fidesz, para reconocer que el resultado es tan nítido como doloroso.
La irrupción del partido Tisza, una formación nacida hace apenas dos años, ha desmantelado el mapa político hungaro. Magyar, antiguo aliado del régimen y ahora su crítico más feroz, ha capitalizado el descontento de una sociedad asfixiada por la inflación y la corrupción sistémica. Según datos de la consultora Median y el 21 Research Centre, el trasvase de votos ha sido masivo: el nuevo primer ministro electo ha logrado atraer no solo a los abstencionistas y jóvenes, sino a un 9% de los antiguos fieles de Orbán, rompiendo el bloque monolítico de la ultraderecha
El impacto de este cambio trasciende las fronteras húngaras. La caída de Orbán supone la pérdida del principal aliado de Vladimir Putin y Donald Trump en suelo europeo. Magyar ha basado su campaña en una agenda de regeneración democrática, lucha frontal contra el soborno público y un regreso inmediato a la disciplina de Bruselas. A orillas del Danubio, mientras los partidarios de Tisza celebraban el triunfo con descorches de champán, los analistas de diarios como The Guardian destacaban que este resultado debilita la narrativa del nacionalismo populista en todo el bloque comunitario.
A pesar de que el recuento de los votos en el extranjero y de ciudadanos desplazados continuará durante los próximos días, la ventaja es tan holgada que el cambio de era es irreversible. Orbán ha prometido "reconstruir sus comunidades" desde la oposición, pero el control total del legislativo que los sondeos otorgan a Magyar le permitirá empezar a desmantelar la estructura estatal diseñada por Fidesz durante casi dos décadas