Ruptura total entre Washington y Teherán tras una reunión de 21 horas en Pakistán
JD Vance abandona Islamabad sin el pacto nuclear exigido por Donald Trump, mientras Irán califica las exigencias de EEUU como un intento de "engaño" y "excesivas". El diálogo histórico termina en reproches mutuos y con la sombra de Turquía amenazando con expandir el conflicto.
El cronómetro marcó 21 horas de agonía diplomática en Islamabad antes de que el aire se cortara definitivamente. El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, ha puesto punto final a las negociaciones con Irán tras un encuentro maratoniano que no ha logrado frenar la maquinaria bélica. Washington ha presentado lo que califica como su "oferta final y mejor", un relato que busca dejar la responsabilidad en el tejado de un régimen iraní que se niega a claudicar ante las líneas rojas de la Casa Blanca.
Desde el Ministerio de Exteriores iraní, el portavoz Esmaeil Baghaei ha enfriado el dramatismo de Vance, asegurando que "nadie esperaba un acuerdo en una sola sesión" tras décadas de enemistad. Según la agencia IRIB, Teherán considera que las conversaciones se desarrollaron en una atmósfera de "profunda desconfianza y sospecha". El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue más allá al denunciar que EE. UU. busca mediante la diplomacia lo que no ha logrado militarmente, calificando las peticiones sobre el control nuclear y el Estrecho de Ormuz como "demandas ilegales y poco realistas".
El impacto internacional es inmediato. Arabia Saudí ha tenido que restablecer a contrarreloj su oleoducto tras ataques que bloquearon 700.000 barriles diarios, mientras el presidente turco Erdogan lanza una advertencia que sacude las cancillerías: si la paz fracasa, Turquía contempla la entrada directa en la guerra contra Israel. La diplomacia se retira con las manos vacías y las banderas plegadas, dejando un alto el fuego pendiendo de un hilo y a las potencias regionales preparándose para lo peor.