El mundo al borde del abismo energético tras la entrada de Yemen en la guerra
El bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb por parte de las milicias hutíes, sumado al cierre previo de Ormuz, deja a las potencias occidentales sin rutas para el crudo y amenaza con un colapso económico global sin precedentes.
La geopolítica mundial ha saltado por los aires. El portavoz militar yemení, Yahya Saree, ha confirmado lo que los mercados temían: Yemen se suma oficialmente a la ofensiva contra Israel y Estados Unidos. No se trata solo de una declaración de guerra, sino de un asedio total al comercio marítimo en el Mar Rojo. Con esta maniobra, el eje de resistencia liderado por Irán ha logrado cerrar la "trampa de ratones" sobre el suministro de petróleo.
La situación es crítica. El Petroline, el oleoducto estratégico de Arabia Saudita que cruza la península hacia Yanbu, era la última válvula de escape tras el bloqueo del estrecho de Ormuz. Sin embargo, este crudo debe salir obligatoriamente por el golfo de Adén, ahora bajo el fuego directo de las baterías costeras de Yemen. Según expertos de The Soufan Center, este movimiento busca un "punto de inflexión" para asfixiar las economías occidentales y forzar un cese de las hostilidades.
Sangre y caos en el frente interno
Mientras el frente internacional se inflama, el interior de Yemen se desangra en una espiral de violencia interna y represión. En Saná, el asesinato del influyente jeque tribal Fares bin Mohsen Rubeid, acribillado por sicarios en la calle Sesenta, ha disparado la tensión entre los clanes locales.
Paralelamente, la tragedia se ceba con los civiles en la provincia de Hajjah. Fuentes locales reportan una masacre en el distrito de Haran: un bombardeo hutí impactó directamente contra una vivienda durante la hora del desayuno, dejando un rastro de 30 víctimas entre fallecidos y heridos graves. Las imágenes que llegan de la zona muestran la crudeza de un conflicto que ya no distingue entre objetivos militares y hogares familiares. La comunidad internacional observa con impotencia cómo la escalada de Netanyahu y la respuesta regional amenazan con convertir el 2026 en un punto de no retorno.