Pradales da un ultimátum a los inmigrantes: «Llegáis a un país con lengua propia, poned los dos pies en Euskadi»
El Lehendakari endurece el tono y exige una integración obligatoria a los más de 300.000 inmigrantes que viven en el País Vasco. En un mensaje cargado de emotividad y rigor político, Imanol Pradales advierte que la paciencia se agota con el Gobierno de Sánchez y reclama las competencias totales para blindar la cultura y el bienestar de la «casa vasca».
Golpe sobre la mesa en el Palacio de Miramar. El Lehendakari, Imanol Pradales, ha aprovechado el cierre de año para lanzar un mensaje que ya retumba en todo el arco político: la integración de quienes llegan a Euskadi no es una opción, es un deber sagrado. Con una narrativa vibrante y por momentos dramática, Pradales ha recordado que la población extranjera se ha multiplicado por diez en apenas dos décadas: de 30.000 a más de 300.000 personas. "Habéis puesto un pie en Euskadi. Os animo a que pongáis los dos", sentenció en un llamamiento que mezcla la acogida humanista con una exigencia identitaria sin precedentes.
El líder del PNV no ha hablado en el vacío. Sus palabras llegan en un momento de máxima sensibilidad social. Según fuentes del Gobierno Vasco, la gestión de la integración social de los inmigrantes con protección internacional ya está en manos de Vitoria tras el pacto de investidura con Pedro Sánchez. Este traspaso, valorado en 2,4 millones de euros anuales, permite a Euskadi controlar los itinerarios de inclusión durante los primeros seis meses, incluyendo formación y vivienda. Pero Pradales quiere más: exige el cumplimiento íntegro de los acuerdos este mismo enero. "La paciencia se agota", advirtió, dejando claro que el autogobierno no es una moneda de cambio, sino una necesidad de supervivencia.
Esta demanda de "integración o nada" no es exclusiva del Norte. El eco de las palabras de Pradales resuena con fuerza en territorios como Balears, donde la ciudadanía clama por un mayor control ante la saturación y la erosión de la lengua propia. El mensaje es nítido: para que el sistema no colapse, el que viene debe abrazar la cultura local.
A pesar del tono rotundo, Pradales se apoya en el rigor del Foro Zedarriak, que califica la migración como un fenómeno "inevitable y necesario" para evitar la quiebra demográfica y la falta de mano de obra. Sin embargo, el Lehendakari ha sido tajante: el humanismo tiene reglas. La libertad y la seguridad de Euskadi dependen de que los nuevos residentes entiendan que llegan a un país con "identidad propia". Es un camino de doble sentido: derechos, sí, pero obligaciones innegociables. La "casa vasca" abre sus puertas, pero exige que nadie intente cambiar sus cimientos.