La Guardia Civil, vendida: barcos 'chatarra' y helicópteros del siglo pasado frente a las mafias en Mallorca
Mallorca está en el punto de mira y sus defensas se caen a pedazos. Lo que era un secreto a voces en los cuarteles ya tiene el sello oficial del Tribunal de Cuentas: la Guardia Civil en Baleares —y en todo el Estado — está operando con medios que rozan la negligencia institucional. El informe es una bofetada de realidad que deja a nuestra isla a merced de quienes no respetan la ley.
Mientras las mafias que cruzan el Mediterráneo invierten en motores de última generación y tecnología punta, los agentes se juegan la vida en cáscaras de nuez. El dato es escalofriante: el 83% de las embarcaciones del Servicio Marítimo han superado con creces su vida útil. Estan enviando a los guardias a perseguir narcolanchas en patrulleras que, en muchos casos, tienen más de 15 años y pasan la mitad del tiempo en el taller por averías constantes. En 2025, la mitad de la flota estuvo fuera de combate. ¿Cómo vamos a blindar la costa de Mallorca si las naves no pueden ni salir a navegar?
El peligro no es solo el humo de los motores viejos; es el efecto llamada para el crimen. Mallorca se ha convertido en el destino preferido para los criminales huidos de la justicia y para el tráfico de drogas, que aprovechan los "puntos ciegos" de una vigilancia que no llega. Pero hay algo aún más humano y desgarrador: la presión migratoria desde Argelia. Las mafias de trata de personas saben que la Guardia Civil está bajo mínimos. Saben que sus radares fallan y que sus helicópteros —algunos fabricados antes de 1995— son reliquias del aire con costes de mantenimiento astronómicos y operatividad limitada.
No es solo una cuestión de dinero, es una cuestión de supervivencia y seguridad ciudadana. El informe denuncia que se operan unidades "al límite o sobrepasando su vida útil". Estamos ante un escenario donde la seguridad de los mallorquines depende de vehículos con más de 300.000 kilómetros y aeronaves que deberían estar en un museo, no patrullando el cielo de las Baleares. La pregunta es simple: ¿A qué espera el Gobierno para actuar y el Govern para denunciarlo? ¿A que ocurra una tragedia irreparable en nuestras aguas para que Mallorca deje de ser el patio de recreo de las mafias?