Gallinas salvajes: la bomba biológica que acecha a las familias en Mallorca
El virus de Newcastle salta a las aves silvestres en Calvià y enciende todas las alarmas por la pérdida de control sobre las colonias de gallinas asilvestradas. Las autoridades detectan los primeros ejemplares muertos de tórtolas en Son Ferrer, mientras los expertos advierten de que la proliferación descontrolada de estas aves en parques, polígonos y zonas urbanas es ya una bomba de relojería para la seguridad vial y la salud pública.
La estampa de gallos picoteando entre colillas en las rotondas de Magaluf o invadiendo los aparcamientos de grandes superficies como Alcampo ya no es una anécdota rural; es un desafío sanitario de primer orden. La confirmación por parte de la Conselleria de Agricultura del virus de la enfermedad de Newcastle en tórtolas turcas de Calvià ha puesto el foco en un problema que Baleares lleva años ignorando: las miles de gallinas domésticas que viven en libertad sin ningún tipo de control veterinario.
Un peligro invisible en el parque infantil La situación es crítica. Mientras los vecinos de Manacor cuentan cientos de ejemplares en solares abandonados, el riesgo de zoonosis —transmisión de animales a humanos— se sienta en los bancos de los parques. Aunque el virus de Newcastle suele causar apenas una conjuntivitis leve en personas, su capacidad de mutación y la falta de higiene en las zonas donde estas aves defecan —junto a columpios y hoteles— genera una inquietud creciente. "No es solo el ruido que impide el descanso; es que no sabemos qué enfermedades portan estos animales que nadie vacuna", denuncian residentes de Santa Ponça.
Caos jurídico y accidentes de tráfico ¿Quién paga si un motorista esquiva un gallo en una rotonda y acaba en el hospital? El vacío legal es absoluto. Al no estar registradas, estas aves no pertenecen a nadie, dejando a las víctimas de accidentes en un limbo jurídico. Mientras tanto, el sector ganadero tiembla. La declaración de las islas como zona de alto riesgo obliga a extremar la bioseguridad, pues un solo contacto entre una gallina asilvestrada y una explotación industrial podría suponer el sacrificio de miles de animales y pérdidas millonarias.
El espejo de Bermudas y Hawái Mallorca no está sola en esta "invasión emplumada". En Bermudas, el Gobierno ha tenido que activar un Plan de Gestión de Gallinas Ferales tras constatar que son vectores de Salmonella y Toxoplasmosis. En Kauai (Hawái), las autoridades ya financian capturas masivas ante la destrucción de cultivos y riesgos de seguridad. La receta internacional es clara: censos unificados, captura y pruebas veterinarias. En Mallorca, de momento, solo queda el silencio cómplice de las instituciones y el canto del gallo al amanecer sobre un asfalto cada vez más peligroso.