Milagro en PALMA: la ILUSIÓN de los NIÑOS derrota al FRiO polar y a la LLUVIA traicionera
Palma se ha convertido este lunes en el escenario de una batalla épica: la de la magia contra los elementos. Bajo un cielo plomizo que minutos antes escupía una lluvia traicionera, el velero Rafael Verdera asomaba por el Moll Vell. No era un desembarco cualquiera; era el inicio de una noche donde el corazón de los niños latía con más fuerza que el frío que cortaba la cara.
La capital balear se echó a la calle para una macrocabalgata sin precedentes. El Ayuntamiento de Palma tiró la casa por la ventana con 22 carrozas de ensueño y un despliegue de más de 4.000 kilos de caramelos que volaban entre la multitud. "Hacía años que no sentíamos esta intensidad, el frío daba igual, solo queríamos verlos", comentaban las familias que, pertrechadas con mantas y termos, aguardaban desde horas antes. El desfile fue un estallido de identidad local: ensaimadas gigantes, neules y telares rodando por el Paseo del Born mientras el séquito real repartía dulces sin gluten para que nadie se quedara fuera de la fiesta.
Sin embargo, el drama meteorológico se vivió con especial tensión en la Part Forana. Según informaron fuentes municipales a través de redes sociales, el caos estuvo a punto de estallar en varios puntos. En Manacor, la cabalgata avanzó bajo un mar de paraguas y una temperatura agónica de 2 grados, demostrando que la fe de los niños es incombustible. En Consell, la prudencia obligó a suspender el desfile, trasladando el milagro al pabellón Cati Pol, donde el calor humano sustituyó a las calles mojadas.
La cara más emotiva y "casera" se vivió en Santanyí y Ses Salines. Allí, ante la imposibilidad de desfilar, los Reyes optaron por el reparto puerta a puerta. En Santanyí, SS.MM. se subieron a minibuses y furgonetas cargadas de regalos, recorriendo cada rincón como si de un servicio de mensajería divina se tratara. En Alaró, la imagen fue de película: los magos saludando desde el balcón del Ajuntament a una plaza tiritando de frío pero encendida de ilusión.
A pesar de algunas críticas por la ausencia de la tradicional estrella en Palma, el veredicto es unánime: Mallorca ha blindado su ilusión. La noche que empezó con miedo al barro terminó con los zapatos listos en los balcones. La magia ha ganado el pulso al invierno.