«El ecologismo de derechas» aterriza para demostrar que la sostenibilidad es una cuestión de gestión y no de ideología
La publicación de «El ecologismo de derechas», obra de Luis Quiroga y el analista mallorquín Toni Timoner, marca un punto de inflexión en la narrativa ambiental española. El libro nace con la misión de dinamitar la idea de que proteger el planeta exige abrazar políticas intervencionistas o de decrecimiento. Los autores defienden que la verdadera transición nace de la prosperidad económica y la responsabilidad individual, alejándose de los dogmas que han caracterizado al activismo climático en la última década.
Conservar la naturaleza no es una herencia exclusiva del progresismo. Con esta premisa, Quiroga y Timoner presentan una alternativa que recupera el espíritu de figuras como Theodore Roosevelt o Margaret Thatcher, quienes entendieron la custodia del territorio como un deber moral y patriótico. La obra cuestiona por qué la derecha española, que bajo la gestión de José María Aznar levantó los cimientos institucionales con la creación del Ministerio de Medio Ambiente en 1996, permitió que el relato climático fuera secuestrado por narrativas que hoy asocian la ecología con el desmantelamiento del sistema actual.
Los autores proponen un "capitalismo verde" que rechaza el intervencionismo asfixiante. Su hoja de ruta es pragmática: limpiar la factura eléctrica de costes políticos para incentivar la electrificación, defender la seguridad energética sin dogmatismos contra ninguna tecnología y utilizar los ingresos del carbono para aliviar la presión sobre autónomos y empresas en lugar de engrosar el gasto público. Según Quiroga, cuando el clima se utiliza como proyectil partidista, la ciencia se rinde ante el símbolo, provocando que la ciudadanía perciba la transición como una imposición elitista.
La propuesta pone el foco en la adaptación, la gran olvidada por la gestión actual. Frente a los eslóganes, exigen infraestructuras hídricas y forestales preparadas para una realidad térmica extrema, apelando a una "conservación activa". En un contexto donde líderes como Petro o activistas como Thunberg vinculan el CO2 con la lucha de clases, este enfoque busca atraer a agricultores y ganaderos, tratándolos como custodios del paisaje y no como obstáculos al progreso. La batalla por el relato ambiental en 2026 ya no se juega solo en la calle, sino en la eficiencia de los balances de resultados.