Doce muertos, decenas de heridos y una rabia desbocada: Argelia arde entre la furia y el abandono
Las llamas desatadas a finales de agosto de 2026 en el norte de Argelia han dejado un trágico saldo de al menos 12 muertos y 54 heridos, según la versión oficial, desatando una tormenta política en Jijel y Béjaïa. Mientras centenares de familias lo han perdido todo bajo el fuego, la indignación ciudadana estalla contra un Gobierno capaz de financiar arsenales militares multimillonarios pero incapaz de desplegar una flota de hidroaviones para salvar vidas.
Los devastadores incendios forestales que han arrasado el norte de Argelia a finales de agosto de 2026 han dejado un baile de cifras entre el balance provisional oficial de al menos 12 muertos y 54 heridos y las decenas de muertos y centenares de heridos según los testimonios encontrados en redes, desatando una oleada de indignación ciudadana que pone en el punto de mira la gestión del régimen y el destino de los presupuestos estatales.
Con más de 170 focos simultáneos concentrados en regiones como Jijel y Béjaïa, la emergencia ha vuelto a evidenciar la alarmante carencia de medios aéreos especializados para frenar catástrofes naturales en zonas de difícil acceso montañoso.
La paradoja de los cazas rusos frente al drama humanitario
Mientras las llamas devoraban hectáreas de masa forestal y obligaban a evacuar a decenas de familias, la opinión pública ha cuestionado con dureza la respuesta del Gobierno.
En lugar de contar con una flota propia y moderna de hidroaviones tipo Canadair para proteger a la población civil, el Estado confía en avionetas agrícolas y helicópteros pesados de transporte, mientras mantiene un despliegue militar faraónico.
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Cifras bajo sospecha y críticas al gasto exterior
El balance oficial del Ministerio del Interior sitúa el número de víctimas mortales en doce, con especial incidencia en Ouled Askeur (Jijel).
Sin embargo, fuentes locales y plataformas de la oposición denuncian que la cifra real de afectados podría ser considerablemente mayor, acusando a las autoridades de minimizar el impacto de la catástrofe.
La crítica social apunta directamente a la priorización de millonarios fondos destinados a la industria armamentística y al respaldo diplomático del Frente Polisario frente a las necesidades básicas de seguridad interna y protección civil.
Los incendios devastadores no solo queman árboles, sino también el sustento de miles de familias en el norte de Argelia. Cuando el campo y las economías locales se reducen a cenizas y el Estado falla en dar ayudas reales, la desesperación se apodera de los pueblos. Ante la falta absoluta de un futuro o de oportunidades para salir adelante tras perderlo todo, muchos jóvenes ven en la desesperación el único camino, lo que termina alimentando las rutas de las pateras hacia Europa.
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