TRADICIÓN, HISTORIA Y SENTIMIENTO EN CIUTAT
Palma late al ritmo de su historia: una emotiva ofrenda floral al rey Jaume I une a la ciudad en la plaza de Cort
Más de 50 entidades se han dado cita este martes en la plaza de Cort para rendir un sentido homenaje al conquistador de Mallorca. En un ambiente de orgullo histórico y tradición viva, la Festa de l'Estendard 2025 ha reafirmado su posición como la celebración civil más antigua de Europa, uniendo a instituciones, sindicatos y partidos en un mismo clamor de identidad.
El corazón de Palma ha vuelto a latir con la fuerza de sus orígenes. Bajo la mirada centenaria de la fachada del Consistorio, la plaza de Cort se ha transformado este martes en un tapiz de colores y aromas. No ha sido un simple acto protocolario; ha sido el momento en que la ciudad se ha mirado al espejo de su historia para reconocerse en la figura del Conqueridor.
La ceremonia, marcada por una solemnidad extrema, ha contado con una movilización social sin precedentes. Desde las instituciones de más alto rango como el Govern, el Parlament y el Consell de Mallorca, hasta el tejido social que da vida a la isla, nadie ha querido faltar. Ha sido especialmente vibrante ver desfilar a organizaciones históricas como la Obra Cultural Balear (OCB) y el sindicato STEI, cuyos ramos de flores simbolizan un compromiso innegociable con la lengua y la cultura propia.
El mapa político ha mostrado una imagen de unidad institucional poco frecuente. Junto a las formaciones habituales como el PP, PSIB, Vox, PI y MÉS per Palma, la gran novedad ha sido la participación, por primera vez en este contexto de unidad, del partido Per Mallorca, que ha querido marcar su estreno oficial en la vida pública honrando la mayor efeméride de los mallorquines.
.El momento cumbre, aquel que detuvo el tiempo, llegó con los acordes de la Banda Municipal de Música de Palma. Al sonar las primeras notas de 'La Balanguera', el silencio se hizo absoluto para después romper en una emoción compartida. Las flores a los pies del Conquistador no eran solo pétalos; eran el testimonio de un pueblo que, 796 años después de aquel 31 de diciembre de 1229, sigue manteniendo viva la llama de su identidad. Palma ha demostrado, una vez más, que su historia no es algo del pasado, sino un fuego que arde con más fuerza que nunca.
