Cuando el fútbol deja de ser deporte y se convierte en intolerancia

El acoso sufrido en redes sociales por artistas como Rosalía y Aitana tras la final del Mundial reabre el debate sobre los límites del fanatismo futbolístico. En este artículo de opinión, Francisco José Castillo Navarro, presidente de la Asociación de Medios de Comunicación Digitales, reflexiona sobre cómo la pasión deportiva no puede convertirse en una excusa para la intolerancia, el odio y el linchamiento público.
Rosalia en el Sant Jordi

El deporte debería ser uno de los mayores ejemplos de convivencia entre pueblos. La pasión por unos colores, una bandera o una selección nacional nunca puede justificar el acoso, la intolerancia o el odio. Sin embargo, tras la final del Mundial, hemos asistido a un fenómeno preocupante que merece una profunda reflexión.

Primero fue Rosalía y ahora Aitana. Dos artistas españolas que han visto cómo parte de las redes sociales se llenaban de mensajes de desprecio, campañas de boicot e insultos simplemente por mostrar apoyo a España. Resulta difícil comprender que expresar el cariño hacia el propio país pueda convertirse en motivo de ataques personales.

El fútbol despierta emociones intensas. Es lógico que una derrota duela y que una victoria se celebre con entusiasmo. Lo que nunca puede aceptarse es que esa frustración desemboque en una campaña de hostigamiento contra personas que nada tienen que ver con el resultado de un partido. La rivalidad deportiva termina cuando suena el pitido final; el respeto debe permanecer siempre.

Es especialmente preocupante que una parte de los mensajes más agresivos procedieran de usuarios que se identificaban con Argentina. Evidentemente, sería profundamente injusto responsabilizar a todo un país por la actitud de una minoría, ya que millones de argentinos condenan este tipo de comportamientos y mantienen una histórica relación de amistad con España. Pero precisamente por ese motivo resulta necesario denunciar con firmeza a quienes utilizan el deporte como excusa para fomentar el odio y el enfrentamiento.

Las redes sociales no pueden convertirse en un espacio donde se normalice el insulto a cualquier persona que exprese con libertad su sentimiento nacional. Defender a España, a Argentina o a cualquier otra selección es un derecho legítimo. Lo que nunca será legítimo es intentar silenciar a alguien mediante campañas de acoso.

Selección española

Como Presidente de la Asociación Medios de Comunicación Digitales, considero que los medios de comunicación y las plataformas digitales tienen también una responsabilidad. Deben promover un debate basado en el respeto, combatir los discursos de odio y recordar que la libertad de expresión jamás puede confundirse con la persecución o el linchamiento público.

Hoy son Rosalía y Aitana. Mañana podría ser cualquier otra persona cuyo único "delito" sea sentirse orgullosa de su país. Si permitimos que el fanatismo sustituya al respeto, el fútbol habrá perdido su verdadera esencia.

Los Mundiales terminan, los campeones cambian y las rivalidades deportivas pasan. Lo que debería permanecer para siempre es la educación, la convivencia y el respeto mutuo entre españoles, argentinos y todos los aficionados del mundo. Porque cuando el odio vence al deporte, perdemos absolutamente todos.