El refugio de cristal de las primas de Jackie Kennedy: una historia de resistencia
Nuestra crítica cultural Alizia Franco analiza la fascinación eterna por Grey Gardens y That Summer , documentales que retratan la decadencia aristocrática de las Beale. A través de este relato sobre el aislamiento y la codependencia emocional , descubrimos cómo Little Edie transformó su performance en un icono de estilo que sigue cuestionando los roles femeninos y la exclusión social cincuenta años después
Grey Gardens En estos tiempos en los que miramos con estupor al otro lado del Atlántico, vengo a contar una historia que se articula a través de dos documentales fabulosos y que, al menos a mí, me reconcilian con una Norteamérica que fue, si no mejor, indiscutiblemente más joven e interesante; una Norteamérica que producía cultura con mayúsculas y marcaba el paso de muchos de los cambios sociales que se estaban produciendo por todo el planeta a toda velocidad. Los documentales son Grey Gardens (1975) y That Summer (2018). El primero es una obra mitica que retrata a dos mujeres singulares y excéntricas: Edith Bouvier Beale, madre e hija. El segundo reconstruye, con enorme solvencia, cómo los hermanos Maysles, autores de Grey Gardens, entraron en contacto con las Beale en el verano de 1972 (that summer, precisamente), de la mano de la hermana de Jacqueline Kennedy Onassis.
Sí, empecemos por el principio: Jackie Onassis tenía una hermana pequeña, Lee Radziwill. Y Lee era, objetivamente, la hermana guay. Ocupaba una posición central en el ecosistema artístico y cultural del Nueva York de principios de los 70: íntima de Andy Warhol, amiga del fotógrafo Peter Beard y "cisne" predilecto de Truman Capote, se dedicaba al interiorismo y a disfrutar de todo lo que ofrecía la vida, que era mucho. En el verano de 1972 (el mismo verano en el que acompañó a Beard y Capote a cubrir la gira estadounidense de los Rolling Stones) Lee decidió jugar a productora audiovisual y contrató a los hermanos Maysles para dirigir un documental sobre su propia familia, centrado en su infancia y en sus raíces en los Hamptons.
Los Hamptons son ese lugar paradisíaco al que, desde hace décadas, los neoyorquinos con posibles huyen en verano. Como cuando Tòfol y Cati cierran el piso de Ciutat en junio y se van a la Colònia de Sant Jordi hasta septiembre, pero en versión WASP. Lee tenía allí a una tía y a una prima que aún vivían en la majestuosa casa familiar, Grey Gardens. Y allá que fue, cargada de ilusión, para darse de bruces con lo último que hubiera esperado encontrarse: dos mujeres procedentes, como ella misma, de lo más parecido a una aristocracia que existe en Estados Unidos, viviendo en una casa en ruinas, infestada de gatos, mapaches y recuerdos, y encerradas en una burbuja de irrealidad absoluta y síndrome de Diógenes. Lee dio carpetazo al proyecto. La idea de hacer un documental bonito sobre veranos dorados se desvaneció ante semejante drama familiar. Lee y Jackie ayudaron económicamente a las Beale a reformar la casa, y siguieron con sus vidas.
Pero los hermanos Maysles no pudieron seguir con las suyas. Dos años después regresaron a Grey Gardens, ya sin Lee, para proponer a "Big Edie" y "Little Edie" protagonizar su propia película. El resultado fue un documental fascinante, que explica un pedazo de la historia de Estados Unidos y de las mujeres occidentales mejor que muchos libros. Grey Gardens no juzga, ni interviene, ni explica, ni moraliza. Es una obra que observa, que muestra sin subrayar, que deja hablar sin intervenir. Y así, Big Edie y Little Edie se revelan como lo que son, no como lo que "deberían haber sido".
La película muestra una grieta en el mito americano: dos mujeres blancas, ricas, educadas, con apellido ilustre y conexiones políticas sólidas quedaron completamente fuera del sistema. No por pobreza estructural, sino por una combinación letal de dependencia emocional y expectativas sociales asfixiantes. Grey Gardens habla de aislamiento. De codependencia. De lo difícil que es salir de una dinámica tóxica cuando no tienes herramientas, ni independencia económica real, ni un mundo que te espere fuera. Pero también habla de mujeres atrapadas en roles imposibles: la madre artista frustrada, la hija que debía casarse bien, ser bella, obediente y discreta. Ninguna de las dos encajaba. Y la consecuencia fue el encierro.
Cinematográficamente, Grey Gardens transforma el documental en un espacio de intimidad performativa. Little Edie no solo vive frente a la cámara: actúa para ella, baila, recita, canta, explica sus estilismos con detalle. Sus outfits imposibles (pañuelos, faldas convertidas en capas, broches como brillante culminación de todo) son identidad y pura narrativa visual. Mucho antes de que habláramos de performance del yo o de "ser tu propio contenido", Little Edie ya lo estaba haciendo todo. Es la influencer original. Grey Gardens es una tragedia, sí, pero también una historia de resistencia. Porque esas mujeres, a su manera torcida y excesiva, sobreviven. Crean un universo propio cuando el mundo les da la espalda. Little Edie, en particular, con el tiempo se convirtió en un icono queer y de estilo, y su influencia en la moda y la cultura pop perdura cincuenta años después. Dice Little Edie que "es muy difícil mantener la línea entre el pasado y el presente", y quizás una de las muchas virtudes de Grey Gardens es ser capaz de hacer precisamente eso, porque lanzó una pregunta que, afortunadamente, cada vez tiene menos sentido, pero entonces fue profundamente relevante: ¿qué hacemos, como sociedad, con las mujeres que no encajan?