Atasco monumental de los de Luis García lejos de Son Moix

Sin goles no hay paraíso

Bochorno mallorquinista lejos de Son Moix.  El RCD Mallorca completó un encuentro horrible este fin de semana en Elda tras no pasar del empate a cero frente a un Eldense infinitamente más limitado. Ni el césped irregular ni las reducidas dimensiones del Pepico Amat sirven de excusa para una propuesta que se volvió mansa y previsible por la absoluta falta de profundidad en las bandas. El monólogo del primer tiempo terminó en tragedia desde los once metros cuando Álex Sala estrelló un penalti en el poste al borde del descanso, desatando la debacle de un equipo ramplón que acabó pidiendo la hora en la segunda mitad.

Once inicial del Mallorca
Once inicial del Mallorca

Caraja bermellona en un Pepico Amat de Tercera

Punto pobre y sensaciones horribles. El RCD Mallorca completó un encuentro infame este fin de semana en Elda tras no pasar del 0-0 frente a un Eldense infinitamente más limitado. Ni el césped irregular ni las reducidas dimensiones del estadio sirven de excusa para un equipo diseñado para subir que deambuló sin rumbo durante noventa minutos y que terminó pidiendo la hora ante el planteamiento de un viejo conocido como Claudio Barragán.

 

Luis García apostó por devolver la batuta a Sergi Darder sentando a Pablo Torre, pero la maniobra resultó un fiasco por la nula aportación de las bandas. Con Zito Luvumbo y Josep Cerdà absolutamente inoperantes, el juego bermellón se volvió espeso y previsible, chocando una y otra vez contra la defensa alicantina.


 

Del fallo de Álex Sala al susto final en la segunda mitad

El fútbol pareció perdonarle la apatía al cuadro mallorquinista al filo del descanso, cuando el colegiado señaló penalti por un derribo sobre Manu Morlanes. Sin embargo, la fortuna le dio la espalda al Mallorca: Álex Sala estrelló la pena máxima en la madera y el guardameta ex balearico Ramon Vila respiró aliviado antes de tomar el camino de los vestuarios.


 

Este tropiezo con la pólvora mojada fuera de la isla recuerda peligrosamente al atasco ofensivo que ya sufrimos en el choque frente al Granada, confirmando que el equipo tiene un serio problema de fluidez a domicilio.

 

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El paso por el vestuario solo empeoró el panorama. El Mallorca desapareció del campo, vio cómo sus dos centrales titulares (Raíllo y Valjent) quedaban bloqueados por tarjeta y rozó la tragedia en el tramo final, cuando Darder tuvo que sacar un balón bajo palos en el 81'. Ni los refrescos del banquillo ni los minutos finales del debutante Guille Fernández evitaron la amarga sensación de que a este proyecto le falta todavía muchísimo trabajo por delante.

 

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