El régimen caribeño se mira en el modelo chino

Cuba abre el grifo del petróleo al capital privado para evitar el colapso total

Cuba rompe sus propios tabús: acuciada por los apagones, la escasez y el colapso económico, la isla autoriza por primera vez la entrada de capital privado y extranjero en la extracción de petróleo, gas natural y el sector eléctrico.

Cuba
Cuba

Cuba da un volantazo histórico. Asfixiada por una crisis económica brutal, apagones masivos y el eterno embargo de EE. UU., la isla ha decidido abrir la puerta al capital privado en sectores que antes eran intocables: petróleo, gas natural y energía eléctrica.

El Consejo de Ministros redujo de 125 a 44 las actividades prohibidas para los emprendedores. La movida estrella permitirá que empresas privadas y extranjeros exploten hidrocarburos mediante asociaciones mixtas con el Estado. Además, las mipymes podrán administrar gasolineras y participar en la comercialización de electricidad en un país donde el apagón ya es la norma.

La Habana
La Habana

¿Estamos ante el fin del modelo comunista tradicional? El Gobierno cubano jura que no. Lázara López Acea, al frente del Instituto Nacional de Actores Económicos No Estatales, aclara que no van hacia la privatización de la economía, sino a un reparto de tareas donde la empresa estatal sigue mandando.

Sin embargo, la realidad aprieta. Con una economía contraída un 15%, escasez total y protestas latentes, la Asamblea Nacional del Poder Popular busca oxígeno flexibilizando otras áreas:

·        Salud y farmacias: la atención médica sigue congelada bajo monopolio estatal, pero las farmacias privadas ya son una realidad para frenar el mercado negro de medicinas.

·        Vivienda: se permitirá la propiedad de hasta dos casas, el uso de hipotecas y la inversión de cubanos en el extranjero.

·        Banca y turismo: abren paso al capital privado en finanzas y a la descentralización agrícola.

El plan del presidente Miguel Díaz-Canel es un malabarismo desesperado: inyectar capital para rescatar un sistema que se apaga, sin soltar las riendas del poder político. La gran duda no es si las mipymes salvarán a la isla, sino cuánto control está dispuesto a ceder el régimen antes de que el mercado se lo trague.

 
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