Marc Talavera desnuda los menús escolares y la hipocresia alimentaria

Comedor escolar

Marc Talavera Roma, doctor en Biología por la Universidad de Barcelona y una de las voces más lúcidas de la agroecología actual, nos invita a una reflexión urgente sobre la realidad de lo que comen nuestros hijos. Como fundador del colectivo Eixarcolant y coordinador de Singulars, Talavera analiza con rigor científico la distancia que separa el discurso oficial de la práctica real en los comedores escolares..

En este artículo, el autor pone el foco en las contradicciones de un sistema que vende "proximidad" mientras sirve piña de Costa Rica y tomates fuera de temporada. A través de datos punzantes sobre el uso de pesticidas y el impacto de las multinacionales, Talavera nos alerta: no es solo una cuestión de etiquetas, sino de salud pública y de dignidad para nuestro campesinado. Un llamamiento directo a la coherencia para lograr que lo que es "normal" en la mesa vuelva a ser realmente bueno, sano y de aquí.

Marc Talavera Roma. Es presidente del colectivo Aixercolant e impulsor de la jornada; doctor en Biología, especializado en agroecología, etnobotánica y comunicación científica. Coordinador de Singulars. Fundador de Eixarcolant. Doctor en biología por la Universidad de Barcelona.

El pasado jueves entró en vigor en Catalunya el decreto que tiene por objetivo hacer más saludables los menús de las escuelas. El mismo día, los agricultores se manifestaban para reclamar que el 100% de los alimentos de los comedores escolares y de los hospitales fuesen locales y que un 25% fuesen ecológicos. TV3 se hacía eco desde una escuela de Cabrils, poniéndola como ejemplo de buena praxis. Como podéis ver, la jefa de cocina explica el menú y acto seguido habla la jefa de nutrición de la empresa que gestiona el comedor de esta y de un centenar de escuelas más en toda Cataluña. Explica que ellos, por convicción, ya hace tiempo que trabajan en esta línea y que, cito textualmente, “dan mucha visibilidad a la alimentación saludable, al producto de calidad, y sobre todo que sea de temporada y de proximidad”. Hasta aquí, nada a destacar.

La sorpresa llega cuando analizamos el menú: “De primero, crema de verduras; de segundo, pechuga de pollo a la plancha con salsa de soja y miel y una guarnición de ensalada (lechuga, tomate y maíz); y de postre, tenemos piña”. Evidentemente, la noticia no da detalles sobre el origen ni la calidad de los productos y, por lo tanto, hay mucha información no disponible. Leído en diagonal, puede parecer un menú realmente saludable, de temporada y de proximidad, que la jefa de nutrición presenta con orgullo.

Las verduras, el pollo y la lechuga no sabemos si son o no locales. Lo que es seguro es que la salsa de soja no lo es (no se cultiva soja en Cataluña), que el maíz tampoco (todo lo que cultivamos aquí va destinado a la alimentación animal o a hacer harina), que los tomates tampoco (porque en Cataluña los primeros se recogen a principios de mayo y la noticia es del 16 de abril), y que la piña evidentemente tampoco. Seguramente estaremos de acuerdo en que, con la cantidad de productos locales y de calidad disponibles en toda Cataluña, no es normal que un menú escolar incluya un porcentaje tan elevado de productos que no lo son. Pero donde seguro que coincidiremos es que no es normal que pongamos este menú como ejemplo de alimentación saludable, de temporada y de proximidad; y que, además, nos quedemos tan tranquilos cuando palabras y hechos son tan antagónicos, empezando por la empresa responsable. No es normal mentir de forma tan flagrante y con tanta ligereza, como si no pasara nada, como quien se cree sus propias mentiras. Pero sí pasa.

Cultivo piña IA

A continuación intento analizarlo y aportar datos tomando la piña como ejemplo. De acuerdo con los datos oficiales proporcionados por WITS (World Integrated Trade Solution), el 89% de las piñas que se consumen en España provienen de Costa Rica (9.000 km de distancia). Tal como era previsible, las piñas de la empresa que gestiona el comedor, Casa Ametller, también provienen de Costa Rica.

Ahora que ya sabemos el origen de la piña consumida en el comedor de la escuela de Cabrils, nos fijaremos en cómo ha sido cultivada. Según el Atlas Global de Justicia Ambiental, el cultivo de la piña en Costa Rica ha pasado de las 5.000 ha en el año 1990 a las 60.000 ha actuales, un incremento del 1.100%. En la práctica, esto quiere decir que donde antes había miles de familias campesinas que se ganaban la vida cultivando un gran número de productos, ahora solo está la industria de la piña, controlada por cuatro grandes empresas multinacionales (Del Monte, Dole, Fyffes, Grupo Acón), que poseen el 70% del cultivo y, por lo tanto, del mercado.

El siguiente paso es preguntarnos si el cultivo de piña en Costa Rica se lleva a cabo de forma sostenible, y ver cuáles son las diferencias con los requisitos establecidos en Cataluña (y por lo tanto bajo la regulación de la Unión Europea). Para hacerlo, nos serviremos de los datos oficiales de la FAO, que es la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Estos datos indican que, entre 1990 y 2023, el uso de pesticidas en la Unión Europea aumentó un 12%. Durante el mismo periodo, el uso de pesticidas en Costa Rica pasó de 1.447 toneladas a 9.451, lo cual significa un incremento del 553%. Hay que tener en cuenta, además, que la regulación es diferente y que pesticidas prohibidos en la Unión Europea todavía se utilizan en Costa Rica.

¿Y esto nos afecta? Sí, por muy lejos que parezca, los pesticidas están ahí y llegan a nuestro cuerpo justamente con aquello que comemos. Para confirmarlo, nos servimos del estudio publicado por Francesca Castiello y colaboradores el año 2023 en la revista Environmental Pollution, donde analizaron la presencia de pesticidas en la orina de 1.530 niños de entre 7 y 11 años de diferentes lugares del Estado español. Los resultados muestran que el 90% de los niños tienen restos de pesticidas en la orina y que el 63% tienen restos de pesticidas prohibidos en la Unión Europea, como es el caso del diazinon, prohibido por su elevada toxicidad y por sus efectos cancerígenos. Un detalle importante: si estas sustancias fueron detectadas en las muestras de orina, quiere decir que los alimentos que las contenían habían sido consumidos recientemente, entre 24 y 48 horas antes, hecho que pone de relieve una exposición constante.

Así, podemos afirmar que no es normal que se dé piña de Costa Rica a nuestros niños cuando les podemos dar manzanas, peras, naranjas, mandarinas, nísperos o fresas de proximidad y ecológicas. Pero esto no es lo más grave. Lo que es absolutamente inaceptable es que alguien se atreva a poner como ejemplo de saludable, de temporada y de proximidad un menú escolar con piña de Costa Rica de postre, y quedarse tan ancho y satisfecho.

Quizás esta anormalidad sería menos posible si no pasaran otras cosas inverosímiles como que, en el acto de presentación —justo el pasado 18 de marzo— de la nueva marca impulsada por el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación para dar forma, coherencia y proyección al sistema agroalimentario catalán (cito textualmente de la web), el obsequio para los asistentes fuese, ni más ni menos, que una tableta de chocolate donde decía “IMPLÍCATE, alimentamos el futuro de Cataluña”. Sí, no lo dudéis, el cacao, igual que la piña, no se cultiva en Cataluña, ni en Europa.

Que quede claro, el problema no es comer piña o chocolate. El problema es utilizar la piña o el chocolate como ejemplos de sostenibilidad y proximidad. El problema es decir una cosa y hacer todo lo contrario. Por todo ello, ahora más que nunca debemos luchar para cambiar esta realidad y conseguir que “lo normal” vuelva a ser comer de aquí, bueno y saludable. Porque podemos cambiarlo y sabemos cómo hacerlo, por eso estamos aquí.