Detenido marroquí tras 3 noches de robos y agresiones en sa Pobla
Asaltos, destrozos y un botellazo gratuito a un vecino han terminado con un marroquí reincidente de 27 años directo al calabozo. La Guardia Civil ha cortado en seco una racha delictiva salvaje, justo cuando la paciencia de Sa Pobla —harta de mirar de reojo al salir a la calle— estaba a punto de estallar. El historial de su frenesí nocturno habla por sí solo:
Sa Pobla, tres noches de furia y un final esposado
Tres madrugadas de julio bastaron para sembrar el caos en Sa Pobla. Un delincuente con múltiples antecedentes de 27 años decidió convertir las calles del pueblo en su propio tablero de juego, alternando el robo con fuerza con la violencia más gratuita. La racha se le ha acabado, por ahora: la Guardia Civil ya lo ha metido en el furgón y su próximo destino son los juzgados.
El frenesí comenzó el pasado 3 de julio. Una furgoneta aparcada fue su primer objetivo: forzó la puerta y se llevó herramientas de fontanería valoradas en unos 800 euros. Lejos de esconderse, veinticuatro horas después subió la apuesta. Reventó la verja y el cristal de una farmacia local para saquear las cajas registradoras por un botín de apenas 100 míseros euros.
La escalada llegó a su punto más oscuro la noche siguiente en la plaza del pueblo. Se acercó a un vecino que descansaba en un banco y le exigió dinero. Ante la negativa, la respuesta fue salvaje: un botellazo de cristal directo a la cabeza que terminó con la víctima recibiendo puntos de sutura.
El arresto alivia el ambiente, pero no duerme a un pueblo que ya arrastra un hartazgo evidente: los vecinos de Sa Pobla insisten en que la inseguridad ciudadana se está adueñando de sus barrios y exigen medidas contundentes para cortar de raíz una espiral de robos y agresiones que ya les ha quitado la tranquilidad. La Guardia Civil ya ha hecho su trabajo; ahora la pelota está en el tejado de la justicia y del Delegado del Gobierno.
Posible pena a la que se enfrenta
Por la acumulación de delitos —robos con fuerza y lesiones graves—, el detenido se enfrenta a un horizonte penal con condenas que podrían oscilar entre los 4 y 10 años de cárcel
Dada la reiteración de los hechos y la violencia del botellazo, el juez tiene motivos de sobra para dictar prisión provisional y frenar su racha.
Eso sí, si es condenado, raramente cumplirá la totalidad entre rejas: tras avanzar en la pena y si demuestra buena conducta, podría acceder al tercer grado —semi-libertad— antes de lo que muchos vecinos esperarían.
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