Burjassot blinda el legado de Guillem Agulló tras tres décadas de impunidad
El municipio de Burjassot se blinda contra el olvido en el 33º aniversario del asesinato de Guillem Agulló con una movilización masiva que trasciende el homenaje. La presentación de la novela gráfica de Sembra Llibres y el compromiso de las nuevas generaciones frente a la extrema derecha consolidan al joven de l'Horta Nord como el eje de la memoria antifascista en el País Valencià.
El 33º aniversario del asesinato de Guillem Agulló ha transformado las calles de Burjassot en un escenario de resistencia civil. Centenares de personas, con una presencia mayoritaria de jóvenes que ni siquiera habían nacido en 1993, se han congregado para homenajear al militante independentista ejecutado por un grupo de extrema derecha. El acto, centralizado en Can Bassot y la plaza del Ayuntamiento, ha servido no solo para el recuerdo, sino para denunciar la vigencia de los discursos de odio que terminaron con la vida del joven de dieciocho años en Montanejos.
La jornada ha recuperado el pulso de la calle con una manifestación que ha recorrido la localidad bajo el eco de los dolçainers del grupo Estrella Roja. La familia Agulló i Salvador, motor incansable de esta causa, ha recibido una vez más el calor de las entidades sociales que rechazan la versión judicial de la época. Cabe recordar que, pese a la naturaleza política del crimen perpetrado por el grupo Komando Marchalenes IV Reich, la justicia de aquel momento lo calificó como una simple "pelea entre chavales". De los cinco implicados, solo uno cumplió cuatro años de prisión, un dato que sigue escociendo en la memoria colectiva valenciana.
El rigor histórico de este aniversario coincide con el lanzamiento de la novela gráfica "El diari de Guillem", de Sembra Llibres. Los autores, Cèsar Martí y Daniel Olmo, han rescatado la faceta más humana del símbolo: el adolescente que amaba la natación, el fútbol y que empezaba a descubrir sus primeras luchas sociales. Este enfoque busca alejar a Agulló del frío pedestal del mito para devolverlo a la realidad de un chico normal cuya vida fue segada por el fanatismo.
Fuentes internacionales como Le Monde o The Guardian han referenciado en diversas ocasiones casos similares de violencia política en el sur de Europa, señalando cómo el asesinato de Agulló se convirtió en un punto de inflexión para los movimientos civiles en España. Hoy, Burjassot ha dejado claro que la distancia temporal no erosiona la exigencia de justicia. El acto ha finalizado con una ofrenda floral y un mensaje nítido: el olvido no es una opción mientras el discurso que armó aquel cuchillo siga presente en las instituciones.