El Mallorca se asoma al abismo tras caer humillado ante el Levante
El feudo granota fue el escenario de una auténtica pesadilla para el combinado mallorquinista, incapaz de ofrecer resistencia en una cita determinante para su futuro. La sala de máquinas del conjunto visitante naufragó desde los primeros compases, dejando completamente desasistido a Samu Costa en las labores de contención. Ni Sergi Darder ni Pablo Torre asumieron los galones necesarios para dotar de fluidez y ritmo a la circulación del balón, mostrándose lentos, previsibles y carentes de la intensidad que requería el envite. Esta alarmante falta de ideas en la creación anuló por completo el potencial ofensivo del equipo, aislando a un Vedat Muriqi que abandonó el terreno de juego sin haber disfrutado de una sola oportunidad clara de gol.
La vulnerabilidad en la retaguardia terminó por dinamitar las opciones de puntuar. Una grave imprecisión individual del central David López en la primera mitad entregó en bandeja el gol de Carlos Espí, que inauguró el marcador para la escuadra valenciana. Lejos de reaccionar, las sustituciones desde el banquillo llegaron sin margen de maniobra, puesto que la entrada de Joan Virgili se produjo de manera excesivamente tardía. En los minutos finales, tras las sucesivas expulsiones de Johan Mojica y Roger Brugué, el centrocampista Kevin Arriaga sentenció la victoria local firmando el definitivo dos a cero. El escenario obliga ahora a los mallorquinistas a derrotar al Real Oviedo en Son Moix y aguardar a que dos rivales directos tropiecen en la jornada de clausura. Pase lo que pase en la última jornada, el planteamiento del Mallorca tiene que dar un giro de 180 grados, bucear en la cantera, retornar a los orígenes, con un técnico que conozca la casa, que sienta el club como suyo, una mallorquinización en toda regla, y a mirar por el retrovisor al Baleares y al Poblense…