El PSIB lleva a Pedro Bestard ante la Fiscalía y le expone a una posible pena de hasta 12 años de cárcel
El PSIB-PSOE ha dado un paso, que puede ser definitivo, al denunciar formalmente ante la Fiscalía de Baleares al vicepresidente del Consell de Mallorca, Pedro Bestard (Vox). Con este movimiento, la oposición traslada a los tribunales la polémica sobre el uso de vehículos institucionales, abriendo un frente judicial en un momento de máximo hartazgo ciudadano ante el goteo diario de escándalos políticos en el telediario.
Hasta 12 años de cárcel. Esa es la pena máxima a la que podría enfrentarse Bestard si la investigación judicial prospera. Los delitos que le imputan los socialistas —malversación de fondos públicos, prevaricación y falsedad documental— son graves y castigan con dureza a quienes utilizan los recursos de la administración en beneficio propio.
En resumen, los hechos denunciados sostienen que Bestard disponía en exclusiva de tres coches oficiales (un Dacia, un Ford y un Subaru) que debían usar los funcionarios para trabajar. Según la denuncia, se los llevaba a su casa, iba a actos de su partido y los utilizaba para viajes particulares: una feria de caza en Madrid, ir a Toledo a por un cabrito salvaje (boc) disecado o una visita a Menorca para ver carreras de caballos.
El escrito señala además que se retiraron los logotipos oficiales de los coches. Al pedirle explicaciones, Bestard aseguró que las pegatinas eran de "quita y pon", pero la empresa de rotulación lo desmintió alegando que eran fijas. Tampoco los tiques de gasolina cuadran con sus rutas justificadas.
El presidente del Consell, Llorenç Galmés (PP), lo mantiene en el .cargo, pero la presión es asfixiante. Hoy mismo, a las 18:30 horas, la tensión será máxima: Bestard comparece en un pleno extraordinario para dar explicaciones ante un hemiciclo que ya conoce el informe interno.
Todo esto ocurre en un clima estatal marcado por el descrédito político de casos como Koldo, Ábalos o Zapatero. En este contexto de susceptibilidad, en Vox preocupa el coste electoral; una mancha así dinamita su discurso de regeneración, empujando a la dirección a valorar seriamente dejar al protagonista fuera de las futuras listas electorales para evitar que el lodo salpique a las siglas.