El pinar de la calle del Sol en Cala Vinyes: una zona verde sobre el papel, un "vertedero" en la realidad
¿Una zona verde protegida o una pista sin ley? Un pinar idílico en Cala Vinyes (Calvià) se ha transformado en un caótico desfiladero de vehículos pesados y en un alarmante vertedero ilegal de escombros. Los vecinos de la calle del Sol denuncian que este espacio, catalogado como Espacio Libre Público (EL-P) en el Plan General, está sufriendo un grave deterioro medioambiental. Los afectados señalan que las raíces de los pinos mueren literalmente asfixiadas bajo el peso de los camiones de las constructoras de la zona y de un chiringuito de la playa, mientras el polvo de las obras colindantes bloquea la respiración de las hojas. Hartos de ver cómo los residuos de construcción se acumulan a las puertas de sus casas, el vecindario denuncia la inacción del Ayuntamiento, que según explican lleva dos años ignorando sus reclamaciones en firme.
La realidad sobre el terreno dibuja un escenario preocupante:
El foco de la indignación apunta al descontrol generado en torno a un chiringuito de la zona. Según relatan los afectados, camiones de gran tonelaje y turismos particulares invaden diariamente este paso peatonal protegido, saltándose una señal de prohibido circular ante la total ausencia de barreras físicas. El terreno ha sido aplanado —supuestamente para servicios municipales—, sirviendo en la práctica como una "alfombra roja" para el tránsito pesado privado. El impacto es feroz: árboles que mueren asfixiados y vibraciones constantes que ya hacen peligrar los cimientos del edificio número 77. Desesperados, los residentes han tenido que colocar hileras de grandes piedras en los márgenes de forma rudimentaria para proteger la poca vegetación que les queda.
El Plan General de Calvià califica este espacio como Espacio Libre Público (EL-P), limitando el tráfico rodado a un carácter estrictamente "eventual".
La realidad sobre el terreno muestra el paso constante de camiones con pluma, acopio de materiales de construcción y un vertedero de escombros e inertes.
Para colmo, la zona verde sufre ahora el "efecto llamada" de las constructoras. Las pruebas gráficas facilitadas por los propios vecinos muestran camiones grúa de gran tonelaje operando en el pinar, montañas de sacos industriales (big bags) y un alarmante vertedero improvisado. Tras un muro de hormigón, se acumulan sin control pilas de tejas, palés de madera rotos, ladrillos y plásticos secos, materiales altamente inflamables que disparan el riesgo de incendio en pleno bosque mediterráneo.
La cronología de este silencio administrativo indigna al vecindario. Los documentos demuestran que el Ayuntamiento de Calvià tiene pleno conocimiento de los hechos. En agosto de 2024, el regidor delegado de la zona, Benito Ferrer, admitió por escrito a los afectados que "tenían toda la razón" y aseguró haber solicitado a la Policía Local un seguimiento del acceso de vehículos. Casi un año después, en julio de 2025, ante la persistencia del problema, los vecinos registraron una instancia formal (Id. 002E190M2L) dirigida al alcalde, Juan Antonio Amengual, y a la teniente de alcalde, Elisa Monserrat.
Hoy, en 2026, las respuestas siguen en el aire mientras los escombros y el tráfico comercial ganan terreno al pinar. Los residentes insisten en que la solución técnica es inmediata y económica: obligar al chiringuito a realizar la carga y descarga en las calles colindantes habilitadas y que el consistorio instale un control físico de acceso (como un pilón con llave o cámara de videovigilancia) gestionado por la Policía Local para salvar la zona verde.
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