¿Patrimonio o rave? 300 personas montan una fiesta en la Catedral ante la "silent disco" de Cort
¿Patrimonio histórico o pista de perreo? La noche del sábado, los alrededores de la Seu se convirtieron en una discoteca improvisada donde 300 personas bailaban el Despacito a todo volumen. Lo curioso es que el Ayuntamiento de Palma y la Policía Local montaron su propia silent disco: se pusieron los auriculares del pasotismo, apagaron el sonido de las llamadas de auxilio de los vecinos y se quedaron en un silencio absoluto mientras la joya de la ciudad vibraba a ritmo de bachata. Así es como Palma regala el descanso de sus ciudadanos.
Indignación en Palma: la Catedral se convierte en una "discoteca" con 300 personas ante el pasotismo municipal
PALMA. El termómetro de la paciencia vecinal ha estallado este fin de semana en el casco histórico de Palma. Lo que debía ser una noche tranquila de verano se transformó el sábado, alrededor de las once y media de la noche, en una auténtica discoteca improvisada al aire libre. ¿El escenario? Nada menos que el Portal del Mirador de la Seu, en pleno corazón patrimonial de la ciudad.
Un músico ambulante, equipado con potentes altavoces y un repertorio de "grandes éxitos enlatados", logró congregar a unas 300 personas en la explanada situada entre la Catedral, el Palacio de la Almudaina y el Palacio Episcopal. A ritmo de bachata y con el Despacito de Luis Fonsi retumbando en las paredes centenarias, la zona se convirtió en una pista de baile masiva. La fiesta llegó a tal punto que la multitud llegó a invadir la calzada, obligando a los pocos coches que circulaban a tocar el claxon para abrirse paso.
Sin embargo, lo que más ha encendido los ánimos de los residentes no es solo el estruendo o el incivismo, sino el flagrante pasotismo del Ayuntamiento de Palma. Desesperados por el ruido que les impedía conciliar el sueño, varios vecinos llamaron repetidamente a la Policía Local para pedir auxilio y exigir que se restableciera el orden. ¿La respuesta? Ninguna. Las patrullas jamás aparecieron, dejando vía libre al jolgorio.
Los afectados denuncian una alarmante dejadez institucional y sienten que el consistorio "mira hacia otro lado" ante la degradación de los barrios residenciales. Con esta nueva noche en vela, el debate sobre la masificación y la impunidad del ocio nocturno vuelve a encenderse en una Palma donde, según los vecinos, el derecho al descanso parece no ser una prioridad para sus gobernantes.