EL POLICÍA QUE NUNCA DEJÓ A PALMA EN SILENCIO

El jefe de transmisiones de la Policía Local cuelga el uniforme tras cuatro décadas de servicio

Escarrer y Capó

Biel Escarrer, responsable de las comunicaciones policiales durante el último cuarto de siglo, se jubila tras 40 años en el cuerpo. Su despedida ha sido un regreso a los orígenes: una última patrulla a pie por el casco antiguo de Palma junto a su primer compañero, el subinspector Tolo Capó, recreando sus inicios en la promoción de 1983.

La nostalgia y el deber se han dado la mano en la Plaza de Cort. Biel Escarrer, una de las figuras más respetadas de la Policía Local de Palma, ha puesto punto final a su trayectoria profesional de una manera poco convencional. Tras 25 años custodiando la estabilidad de los sistemas de radio y telefonía desde la central, Escarrer aceptó el reto de su veterano amigo, Tolo Capó: abandonar por unas horas el despacho para volver a pisar el asfalto.

Escarrer con su compañero delante de Cort

Ambos agentes pertenecen a la quinta promoción de 1983. Durante una década, sus pasos resonaron en el pavimento de Sindicat, la calle Socors y la Plaza Quadrado. En aquellos años 80 y principios de los 90, la zona distaba mucho del enclave turístico actual; era un entorno complejo, marcado por la marginalidad del antiguo Barrio Chino. Escarrer recuerda con precisión quirúrgica aquellos inviernos de vigilancia intensa y los veranos destinados a combatir la picaresca de trileros y tiqueteros en la Playa de Palma.

Escarrer en su último dia de trabajo

A partir del año 2000, su misión cambió radicalmente. Como guardián de las comunicaciones, Escarrer ha garantizado que los 15.000 mensajes diarios que emiten los dispositivos del cuerpo fluyan sin interrupciones. Bajo su gestión, el sistema no ha sufrido una sola caída crítica, un hito de eficiencia técnica que define su compromiso. Su perfeccionismo nació de un fallo en su primera semana de cargo, una lección que convirtió en una máxima personal de "error cero".

Ayer, a las seis de la tarde, los dos veteranos cruzaron el umbral de la Jefatura perfectamente uniformados. Aunque Escarrer tuvo que recurrir al préstamo de algunos elementos del equipo para completar su vestimenta, el porte y la determinación eran los mismos que hace 40 años. "Si alguien merece este adiós, es él", afirmaba Capó mientras recorrían juntos, una vez más, las arterias del centro de la ciudad. Un cierre de ciclo perfecto para un agente que ha dedicado su vida a que Palma, ya sea en la calle o a través de las ondas, nunca se quede en silencio.