PARANOIA EN EL PENTÁGONO

El misterio de los once científicos muertos o desaparecidos pone en jaque la seguridad nacional de EEUU

Programa de TV estadounidense que investiga el caso

Si eres fan de las conspiraciones, corre a contarle a Iker Jiménez esta historia. La Casa Blanca y el FBI rastrean el paradero de expertos vinculados a la NASA y laboratorios nucleares tras una cadena de muertes y ausencias inexplicables que comprometen secretos de defensa aeroespacial.

El rastro de once figuras determinantes en la estructura tecnológica de Estados Unidos se ha desvanecido en circunstancias que el Pentágono ya califica de críticas. Esta lista de bajas incluye a ingenieros de propulsión, expertos en energía de fusión y militares de alto rango con acceso a programas de acceso especial. La NNSA (Administración Nacional de Seguridad Nuclear) ha decretado una revisión interna de urgencia en instalaciones de máxima seguridad como Los Álamos o Sandia ante la posibilidad de una campaña de extracción de capital intelectual por parte de potencias extranjeras.

Uno de los expedientes más alarmantes es el de William Neil McCasland, general retirado de la Fuerza Aérea, cuyo vehículo apareció abandonado en Nuevo México sin signos de violencia, pero con sus efectos personales intactos. Fuentes de inteligencia consultadas por diarios internacionales como The Washington Post y The Guardian sugieren que estas desapariciones no responden a incidentes aislados, sino a un patrón de vigilancia previa denunciado por las propias víctimas antes de perderse su pista.

Programa de la FOX TV hablando sobre el caso

En el ámbito civil, el fallecimiento del físico del MIT, Nuno Loureiro, especialista en plasma y energía infinita, ha disparado las alarmas tras detectarse el robo de sus bases de datos personales en Boston. A este caso se suma la reapertura de la investigación sobre Amy Eskridge, investigadora de sistemas de antigravedad, cuyas comunicaciones previas al deceso mencionaban acoso por parte de agentes de seguridad corporativa. El Gobierno federal intenta determinar si estos científicos han sido víctimas de un sabotaje industrial a gran escala o si se trata de una operación de contrainteligencia para proteger secretos de estado frente a filtraciones inminentes.

La administración actual ha reforzado la protección física de los directores de proyectos en los principales laboratorios nacionales, mientras la CIA monitoriza redes de comunicación cifradas para localizar cualquier indicio de vida. La comunidad científica, representada por voces como Avi Loeb, exige transparencia ante lo que podría ser la mayor fuga de cerebros forzada de la última década.

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