Colombia echa a más de 100 depredadores sexuales en 2025: el vacío legal que deja a Mallorca en peligro
Cifras que cortan la respiración. Colombia ha dicho "basta". Al cierre de este 2025, el país sudamericano ha impedido la entrada a 105 ciudadanos extranjeros tras detectar que sus perfiles coincidían con alertas internacionales por explotación sexual de menores. No son meras sospechas: son muros de contención contra el horro. r.El ejemplo que viene de América Colombia ya vetó a 5.600 extranjeros en 2023.
El aeropuerto de Medellín se ha convertido en el epicentro de esta batalla. Con más de 70 inadmisiones, las autoridades no se andan con rodeos: si el relato de viaje cojea o si en la maleta aparecen objetos de índole sexual, la expulsión es fulminante.
Estas personas suelen intentar llegar a las principales ciudades de Colombia, como Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali. «Las alertas las tienen todos los puestos de control migratorio, todos los aeropuertos y los puestos de control terrestre y marítimo», afirmó Martha Hernández, subdirectora de Control Migratorio,
Finalmente, la funcionaria dejó claro que estos individuos no podrán regresar a Colombia nunca más, reforzando así las medidas de seguridad y protección para la población.
EL DATO RELEVANTE: EL MURO COLOMBIANO VS. EL COLADOR ESPAÑOL A diferencia de Colombia, que usa el sistema Angel Watch para vetar entradas por simple "perfil de riesgo", en España la Policía Nacional tiene las manos atadas: no pueden denegar la entrada a un agresor sexual extranjero si no existe una orden judicial de detención activa. El pasado delictivo, por sí solo, no basta para echarlos en Son Sant Joan.
Mallorca, bajo la sombra del IMAS Esta laxitud legal escuece especialmente en las Islas Baleares. Mallorca sigue intentando cerrar la herida del vergonzoso escándalo del IMAS, donde menores bajo tutela pública acabaron en redes de prostitución infantil.. Mientras otros países publican datos y cruzan alertas para blindar a sus niños, aquí el silencio es total.
A día de hoy, no existen datos oficiales transparentes sobre cuántos pederastas internacionales aterrizan en Son Sant Joan camuflados entre la marabunta humana. La contundencia colombiana deja en evidencia nuestra asignatura pendiente: mientras ellos cierran la puerta al horror, nosotros ni siquiera sabemos quién llama a ella. La pregunta es inevitable: tras lo vivido con las menores tuteladas, ¿podemos permitirnos este descontrol en nuestras fronteras?