EL GOVERN PREFIERE LA ESTRELLA AL LACCAO

El conseller Joan Simonet admite el fracaso con Agama mientras el campo mallorquín se queda huérfano

Agama echa el cierre

El Govern de les Illes Balears ha certificado este martes en el Parlament su incapacidad para evitar el cierre de Agama, dejando a los ganaderos de la isla en una situación de vulnerabilidad extrema tras el fracaso del proyecto declarado como estratégico que ha terminado en un desastre industrial sin precedentes.

El corazón del sector lácteo de Mallorca ha dejado de latir y el Ejecutivo autonómico parece haber llegado tarde a la reanimación. Durante el pleno de este martes, el conseller de Agricultura, Pesca y Medio Natural, Joan Simonet, ha intentado maquillar con promesas de futuro lo que ya es una realidad traumática: la caída de un icono. Simonet ha asegurado que el Govern apoyará los futruso proyectos que tengan pero la sombra de la desidia institucional planea sobre un hemiciclo que hoy ha olido a derrota.

La realidad es sangrante. Mientras el conseller habla de "proyectos de futuro", la Coalició PER MALLORCA denuncia una "passivitat absoluta" que ha llevado a tres explotaciones ganaderas al abismo. El Ejecutivo se había marcado el 31 de diciembre de 2025 como el "día D" para salvar la marca, pero el calendario ha corrido más que la voluntad política. Lo que en 2023 se vendió a bombo y platillo como un plan industrial estratégico ha acabado siendo un fantasma burocrático que obligará a la administración a reclamar la devolución de 1,1 millones de euros en subvenciones a una empresa, el grupo Damm, que ha tirado la toalla.

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¿Cómo hemos llegado aquí? Simonet ha intentado sacudirse la responsabilidad culpando a la falta de acuerdos y a la herencia recibida, pero el sentimiento en el campo es de abandono total. Mallorca no necesita más fotos con producto local en ferias turísticas mientras las centrales lecheras bajan la persiana. El cierre de Agama supone perder la capacidad de transformar nuestra leche, condenándonos a importar casi el 100% de lo que consumimos y profundizando en un monocultivo turístico que devora todo a su paso.

La soberanía alimentaria de las islas está en juego y, por ahora, el Govern solo ofrece parches para una herida que desangra nuestra identidad. Si no hay una inversión valiente y un compromiso real que vaya más allá del discurso parlamentario, el adiós de Agama será solo la primera ficha de un dominó que acabará con el paisaje que todavía nos define.